«Anatomía de la imagen» de Olivia Vicente (Tres Hermanas)

Te invitamos a conocer este ensayo precioso.

Portada de «Anatomía de la imagen», de Olivia Vicente (Tres Hermanas)

«Mis padres tienen una caja de bombones llena de fotografías». Ese es el disparador de Anatomía de la imagen de Olivia Vicente (Tres Hermanas). Unas fotos familiares le sirven a la autora para abordar una reflexión amplia sobre la historia de la fotografía y la forma en que la percepción como concepto y como método ha ido cambiando con el paso del tiempo. He estado leyendo varios ensayos que abordan este tema y lo que más me ha interesado del de Vicente es su mirada sensible y cercana para profundizar en asuntos colectivos. La palabra es atravesada por el tiempo privado, por anécdotas y reflexiones íntimas, para detenerse finalmente sobre una manera colectiva, antropológica y poética, de pensar nuestra relación con la imagen. Este movimiento entre lo privado y lo público dotan al ensayo de una intensidad y una sensibilidad asombrosas. Destaco la escritura visual y filosófica y una manera de ensayar desde la pregunta y el deseo.



Nuevas identidades y el arte


Olivia Vicente afronta en este ensayo una ambiciosa pesquisa: ¿qué ha supuesto la imagen a lo largo de la historia de la cultura? Se vuelve imprescindible pensar en las formas en que se ha utilizado el arte para expresar el deseo de libertad, de contarnos, de cuidarnos. Desde Hugh Welch Diamond pasando por Claude Cahun y Marcel Moore, Zanele Muholi, Diane Arbus, Lisette Model y Olatz Vázquez, la autora va recogiendo miguitas para explicar un concepto y una forma de pensar el paso del tiempo muy visual y muy actual.

En nuestros días no existe ninguna reflexión que, en definitiva, no pase por la imagen. A través de este ensayo, Vicente analiza la vida y el arte de numerosos artistas a fin de observar la proyección que podemos encontrar en sus obras de sus historias, usando el arte como espacio para reafirmar la libertad, reconstruir la intuición respecto al punto de vista y establecer una comunicación estrecha y sincera con el propio cuerpo, para hablar del goce y la alegría pero también para documentar el doloroso proceso de una enfermedad terminal.

La posibilidad de plantear a través del arte una manera distinta de mirar las cosas y de nombrarnos. Quizá sea esta inquietud la que con mayor intensidad sobrevuela el libro. Olivia Vicente se ocupa de artistas que han sido olvidadas por la lectura Histórica. Mujeres que se apropiaron del dolor de su pueblo para revertir los discursos, como Zanele Muholi, para quien «la identidad no se fija inmutable, sino que se trata de un concepto diverso, líquido, en movimiento», y que han sabido desarrollar un pensamiento colectivo tremendamente reivindicativo a través de sus obras de arte.

Esta manera de pensar la vida y la escritura atraviesa todo el ensayo. Vicente no se limita a analizar imágenes o formas de concebir la realidad sino que a partir de ellas desarrolla una tesis sobre su propia experiencia y la tradición artística. Observa, escoge un punto de vista, cuestiona la elección y se pregunta sobre la responsabilidad en la mirada y las formas en que aprendemos a percibirnos a nosotros mismos y a los demás.


Portada de «Anatomía de la imagen», de Olivia Vicente (Tres Hermanas)
Un ensayo que reflexiona sobre la forma de domesticar la mirada


El cuerpo, ese campo de batalla


El cuerpo ha sido a lo largo de la historia la forma de controlar el comportamiento. Pero ha habido también siempre personas que se han rebelado y que han intentado construir otra forma de pensarlo, de relacionarse con él, que se han atrevido a romper con los mandatos de género y a construir una identificación que se sale de los contornos sociales. La autora dedica un extenso capítulo para hablarnos de Lucy Renée Mathilde Schwob y Suzanne Malherbe, quienes adptaron nombres nuevos (Claude Cahun y Marcel Moore) para enfrentarse a la estrechez de mente de una época y, de paso, explorar con picardía las posibilidades del género. «Con este nuevo bautismo nominal, Cahun y Moore juegan con los estereotipos masculinos y femeninos, subvierten los roles tradicionales y provocan a la sociedad más conservadora con un tema tabú, la sexualidad».

El cuerpo es un instrumento de poder. Lo han usado siempre contra nosotras. Aunque no contra todas. Contra quienes han sabido levantarse contra el sistema para construir un espacio de supervivencia donde el deseo germine, quienes no han querido contribuir con el modelo de familia heteropatriarcal, quienes han decidido que podían ser criaturas distintas a las que el propio sistema nombraba al señalar sus cuerpos. Es importante en estos tiempos pensar la identidad cuando pensamos el cuerpo y aprender, de una vez por todas, a desligar lo biológico de lo identitario, despegar la costra del binarismo y aprender a nombrarnos de formas nuevas. A reconocernos en nuestra diferencia y a sentir que estamos bien, que somos criaturas perfectas aunque no nos ajustemos al molde social o, tal vez, precisamente por eso. En esa aceptación reside toda la libertad que podemos integrar y practicar en esta vida. Esta es la defensa fundamental de este ensayo, una interesante apuesta por la diversidad y por señalar los desvíos luminosos del arte a la hora de pensarnos. Toda revolución empieza con una certeza, y aquí es ésta: «el cuerpo es un campo de arte y de batalla».

Cuando pensamos en el cuerpo no podemos evitar llegar al concepto de belleza. Vicente cuestiona la forma en la que el sistema nos empuja a obsesionarnos con ciertos modelos de comportamiento e imagen, convenciéndonos de que nos debemos por completo a nuestro cuerpo, al cuidado de la imagen para otros. Desde pequeñas hemos sido educadas para entender nuestro cuerpo como «un borrador a corregir», a fin de ajustarse a las exigencias de nuestro tiempo y nuestra sociedad; debemos tomar decisiones sobre nuestro aspecto cada día, y evitar que esas decisiones desagraden a otros.

Hay una forma muy perversa de pensar la belleza: todas mirando modelos estrictos, cuerpos delgados, cuerpos perfectos, mientras se nos esfuman los años persiguiendo ese espejismo, que nunca llega, y el autodesprecio campa a sus anchas. «Las caras se muestran y se ocultan, disimulan, interpretan roles sociales, dejan escapar sus pensamientos y anhelos». Era inevitable llegar a las redes sociales, la herramienta perfecta del sistema para el dominio de nuestros cuerpos. Olivia Vicente se detiene en las nuevas maneras de pensar la imagen que propone la sociedad consumista y nos invita a reflexionar sobre la influencia de la alegría superficial que caracteriza estos entornos. Leemos: «Lo que entendemos por belleza no se da naturalmnente, deriva de la educación recibida acerca del gusto». Al final la propuesta principal del ensayo es impulsarnos a la pregunta y a una forma de actuar que nos conduzca a la construcción de una libertad auténtica en la vida y en el arte.


Portada de «Anatomía de la imagen», de Olivia Vicente (Tres Hermanas)
Apropiarse del cuerpo y del discurso personal

Movimiento y escritura


Decíamos que el movimiento es la acción que sostiene toda la reflexión. «Mi naturaleza, un tanto reptiliana, ha necesitado siempre devenir, desprender la costra que genera lo estático a través del movimiento, del viaje», escribe Vicente. Y pone a prueba esas ideas aprendidas, las cuestiona, atraviesa la imagen con una lupa, con una lente ampliada que permite ver más allá de lo visible. En ese análisis la imagen se transforma y permite comprender su utilidad a lo largo de los siglos. La forma de relacionarnos con la identidad y las imágenes que producimos. «En época anterior a la digital, cuando sacábamos una foto queríamos inmortalizar el momento, proclamar aquí estoy yo. Ahora, en cambio, resulta complejo entender para qué lo hacemos». Preguntarnos por las razones del movimiento me parece importante.

Decíamos que la imagen en nuestro tiempo tiende a ser pensada desde la romanticización del cuerpo y de la belleza; sin embargo, también constituye una herramienta poderosa de crítica social y de exposición extrema de la vida. Nos recuerda Vicente el estremecedor trabajo de Olatz Vázquez, quien documentó el proceso de deterioro del cuerpo con una lucidez extraordinaria. «Mirar las fotografías ahora me empuja al vacío, a lo que sintió mi prima Sara antes de morir». El lenguaje se llena de eufemismos cuando tenemos que contar la enfermedad, se tuerce con dolor, se tuerce con culpa, con desesperación y «las palabras pueden omitir, pasar por alto la enfermedad y la muerte», pero qué importante es atravesar esa película de miedos y pudor para hablar de las cosas importantes.

Es este un ensayo que evita las respuestas cerradas y que se nos ofrece, más bien, como una larga pregunta sobre nuestra percepción. Desde la duda, Vicente tantea posibles explicaciones para el miedo, el dolor, y pone la curiosidad y el deseo de comprender en el centro. En esta época donde la imagen se ha convertido en la herramienta por excelencia del capitalismo, sería interesante recuperar lo sombrío en ella, asumir la duda de la belleza y proponernos un instante de pausa para observar con atención el mundo que nos rodea y preguntarnos por los cuerpos: ¿qué cuerpos son visibles y cuáles permanecen ocultos? ¿Cuál es el relato en el que intervenimos cuando asumimos una forma de belleza? ¿De qué manera la idea popular de la imagen está construyendo un mundo al que no deseamos llegar?

Anatomía de la imagen es, en definitiva, un ensayo lúcido y profundamente sensible sobre la identidad, la representación y el cuerpo. El cuerpo, ese campo de batalla, es un espacio donde las normas sociales intentan interferir en la libertad y contribuir a un modelo estático, pero es también el territorio de todas las posibilidades de resistencia, libertad, gozo y transformación. Esa tensión entre control y libertad es, quizá, la que dota al libro de su extraordinaria fuerza. Un libro que invita a cuestionar aquello que damos por natural y que nos recuerda que toda imagen contiene una forma de imaginar la vida, de habitarla y de transformarla.


Portada de «Anatomía de la imagen», de Olivia Vicente (Tres Hermanas)
ANATOMÍA DE LA IMAGEN. OLIVIA VICENTE. TRES HERMANAS. 2026

Esta semana no te pierdas la entrevista a Olivia Vicente en nuestro canal de Youtube.

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