«Flecha de nosotros» y «Ser uno» de Mariano Peyrou (Editorial Pretextos)

Mariano Peyrou el poeta de lo insólito, en dos libros.

Portadas de «Flecha de nosotros» y «Ser uno», de Mariano Peyrou (Editorial Pretextos)

Mariano Peyrou es uno de los tipos más inteligentes que conozco. Y tiene además la virtud de unos pocos: no parece ser consciente de toda la magia que va sembrando a su paso. Se asombra como un niño como si todavía le extrañara lo que un nudo de palabras puede provocar en el corazón de las personas. Qué magia ancestral y nueva es el poema. Leerlo es siempre mirar por el ojo de la cerradura y acercarse a la vida desde otro lugar. Mirar lo que ve la Gioconda y no a ella, seguir el rastro del avión sobre las nubes y olvidarse del avión, entender el hueco que va trazando el lenguaje sobre la hoja y no las palabras. Convencido de que «Lo que dice el texto no es lo que dicen las palabras» ha construido una obra llena de sentido y de emoción. Intuyo que sus dos libros más recientes, Flecha de nosotros y Soy uno son una manera de hacer coincidir, si fuera eso posible, en el lenguaje, la intención poética y la teórica. Un poemario y un ensayo. Dos lecturas que nos permiten acercarnos a la razón de una poética exquisita donde la exploración del sentido no sigue un guion predecible. Lo insólito y un intento de explicar lo inexplicable. Dos libros que se leen juntos y permiten asomarse en profundidad a la obra de uno de los poetas más interesantes de nuestro tiempo.




«Flecha de nosotros»: poema y movimiento


Desde sus primeros poemarios Mariano Peyrou ha estado jugando con una manera de buscar el sentido desde el sinsentido que resulta asombrosa. Ha priorizado siempre lo que pueden hacer las palabras al articularse con otras en lugar de lo que pudieran significar en sí mismas. Las relaciones semánticas antes que la cartografía de significados. En el centro del poema, siempre el espíritu de las palabras y no su referencialidad. En Flecha de nosotros va un paso más allá, al trabajar con un tema que, en el imaginario popular, supone casi la antonomasia de la poesía: el enamoramiento. Partimos de esta idea: el amor exige la conciencia de la pérdida. Todo se termina en la vida; por ende, el amor está condenado a su exterminio. Leemos: «un mundo se termina siempre». Éstas, las primeras palabras del libro, nos empujan a ese espacio nebuloso de placer y dolor, donde todo está quieto y en movimiento simultáneamente. A partir de ahí entramos en un texto que se puede leer como un largo poema de amor pero también como un gran poema de desamor. Esa ambigüedad que la vida nos depara siempre es el aire que respiramos en cada poema de Mariano Peyrou, la pulsión tremenda de la experiencia en la magia sorprendente del lenguaje.

¿Qué concepto esconde el concepto? Quizás esa podría ser una manera de leer. La búsqueda de lo oculto debajo de lo real. Lo visual siempre esconde lo sonoro; lo sonoro siempre nos habla del silencio, y el silencio, del vacío. Y, pienso con el poema: «el sueño es la configuración del mundo». Flecha de nosotros reformula la perspectiva que el amor ha tenido siempre en la poesía y nos invita a pensar el silencio y lo inaudito desde otro lugar, como quien se entrega al asombro sin prejuicios, como quien desiste de controlar no ya la experiencia, sino la traducción de la experiencia, la construcción de la memoria como un potro desbocado. Ahí, creo, el gran acierto de este libro, lo que me dice sin decírmelo. Lo insólito, el lugar indescriptible al que me llevan siempre los poemas de Peyrou.

«El olvido borra la culpa pero no sus efectos». Todo acontecimiento trae incrustada una posibilidad pero también deja una marca, que no se borra nunca. El poema transcribe esa marca y trata de llegar a su semilla, que siempre es una forma de movimiento. En el poema nada está quieto. Todo está moviéndose constantemente. El recorrido de la flecha, la historia de los destinos, podría ser el gran tema, si en Peyrou pudiéramos hablar de esto. «El espacio que hay entre la caricia y el cuerpo/ es el que recorre la flecha», leemos. Y luego dirá: «Pequeñas pausas en las que se acelera/ y se detiene el latir de la vida». El poema enraiza en el movimiento de la quietud. Esto es importante. Ese espacio invisible, que es tiempo incontable y es experiencia nueva que, por repetida, nos pasa desapercibida. Hay un empeño por atravesar el instante, para ir contra nuestra tendencia de novivir, que es no poder estar pero también no poder mirar. ¿Quién es el otro realmente? Nuestra mirada siempre está teñida de idealización, pero también de miedo y de culpa. A su vez, se ve atravesada por la experiencia, que la transforma. Pero aunque la percepción cambie, se acumula la sensación de todas las visiones, ¿no es acaso esta simultánea emoción la que vuelve complejos los vínculos y nuestra relación con el paso del tiempo? Porque el gesto de la desmemoria no nos está permitido.


El poema postula el deseo de tocar más que de decir


Entre el tiempo y el espacio, el poema


Sabemos que el tiempo es el gran cardenal de la experiencia. Origen del rencor y de la melancolía. En este poemario el poeta plasma la estrecha relación entre el tiempo y el espacio, y articula desde ahí una forma de percepción singular. Me vienen estos versos: «Los sonidos no viajan por el espacio/ viajan por el tiempo/ vuelven infinitamente a lo largo del tiempo». Podríamos intuir que nos está hablando de la única forma de intentar la eternidad que por ahora tenemos, la remembranza, ese volver a pasar por el corazón. La memoria se articula entre el sonido y el instante, impulso electromagnético que lleva dentro el lenguaje, operando en su forma de flecha, «Lo que no se dice existe/ quizá dentro del cántaro». Desde una visión antropocéntrica, el mundo parece existir al ser nombrado; pero ¿qué sucede si pensamos que las cosas existen también al margen de nuestra mirada, que hay una realidad que no necesita de nosotros para ser? Esta podría ser la posibilidad abierta en el poema.

Hay una cosa preciosa que hace siempre Mariano Peyrou con las palabras que yo creo que es la que conduce al entusiasmo que sus poemas me despiertan. Es un movimiento sutil en la apertura de los significados, no tanto en lo que las palabras significan sino en aquello que podrían significar y no lo habíamos pensado hasta ese poema. Intento imaginar cómo se produce ese acierto. Tiene más que ver, pienso, con dar cabida a la duda, renunciando a las afirmaciones que siempre son una forma de autoridad que rompe el hechizo del vaivén; es darle alas al lenguaje, ir más allá de lo imaginable, construir la visión de la realidad desde el aire, con todas las posibilidades sobrevolando la forma. Este poemario suyo quizás venga a explicarlo con otras palabras, porque su poema postula el deseo de tocar más que de decir: «Querer decir la hierba/ en lugar de mirarla o abrazarse a ella», leemos. Tal vez para componer un buen poema habría que empezar siempre por ahí.

Todo este libro es una invitación a la escucha. Repite con audacia la voz poética «Si se hubiera sabido escuchar» o «Si se supiera escuchar». Prestar el oído tiene que ver también con el tiempo. Es estar en el instante preciso que pisamos, pero también reconocer el gesto de atención en el pasado. La escucha aparece aquí en relación al mundo pero también al yo. Es interesante la forma que adopta atravesada por la idea de traición. Pensamos que la traición es una forma de autodesprecio, pero vemos que puede ser también una forma de reconocimiento: «traicionarse/ es confiar en las voces del miedo/ pero también sería no escucharlas». Esa doble cara siempre verdadera que asoma al poema me parece maravillosa. La atención no sólo nos permite apreciar el instante, sino también reconocernos y, a largo plaza, volver a pasar por el corazón. En esa atención, el amor nace, florece y se termina. Y, aunque miremos con conciencia e incluso invadidos de cierta melancolía el ciclo de todas las cosas algo nos empuja a seguir intentándolo. Es la sorpresa del empeño otra de las plumas de este libro. ¿Acaso renunciaríamos a construir un jardín pensando en la muerte de las flores? La tristeza, sí, pero también el reflejo de la luz en un charquito.


Portadas de «Flecha de nosotros» y «Ser uno», de Mariano Peyrou (Editorial Pretextos)
«Flecha de nosotros» es un gran poema de amor-desamor


«Ser uno»: una poética


Ser uno reúne textos que suponen un mapa sobre la poética de Peyrou. He dicho que es un ensayo pero, en realidad, es un libro raro que podría entenderse como una especie de antología explicada. Aunque no es que se expliquen los poemas, sino en todo caso lo que los impulsa. Eso es. Son textos que traducen la tensión luminosa del lenguaje en el poeta. Ensayos poéticos que se acompañan de dos entrevistas y un repertorio de poemas que refuerzan las ideas teóricas de los textos y las conversaciones. En la primera de las entrevistas que encontramos, con Marcos Cantelli para la revista «7de7», dice Peyrou: «La indistinción entre figura y fondo, además de mostrar algo que no es figura ni fondo (¿la relación entre figura y fondo?), da unos resultados estéticos que me parecen interesantes». Se me ocurre que resume muy bien la forma de su visión, preocupada por asociar las palabras de formas novedosas, crear otro mapa de relaciones.

La otra entrevista que aparece en el libro es una conversación que mantuvimos para el blog Poemas del Alma al publicarse su libro Posibilidades en la sombra (Editorial Pre-textos). Ese día aprendí de él algunas cosas. Como cuando dijo «creemos que la realidad es lo que ven nuestros ojos, pero nuestros ojos ven una parte de la realidad». Durante más de una hora de charla volvimos una y otra vez a las mismas inquietudes: ¿qué es la realidad? ¿cuánto de lo que percibimos existe en sí y cuánto es el producto de nuestra experiencia y enfoque? «Yo tengo la sensación muchas veces de que lo que no vemos es precisamente lo que está en la superficie, lo que vemos cotidianamente y ya no nos llama la atención». Aprender a mirar, creo, es una de las cosas que mejor practicamos cuando lo leemos.


La construcción de una poética sólida que evita el lenguaje referencial.


El poema estable-inestable


«Lo mejor es el vaivén», escribe Peyrou. Su poesía no busca estabilidad sino ambigüedad. Toda su obra es una pregunta sobre la fascinante locura que supone pensar el lenguaje, sobre las múltiples posibilidades que se abren paso en cada palabra, en un poema si se busca decir lo indecible. Una obra imposible, marcada por la experiencia de la extrañeza, y que nos deja en esa especie de balanceo vital y lingüístico del que pedimos no tener que salir nunca.

Todo poema erguido es un poema fallido. La verdadera fuerza le viene del conflicto, de lo móvil, lo inestable. Porque «La poesía es lenguaje en conflicto con la referencialidad», lenguaje que busca poner en el centro lo que está oculto. En Ser uno esta idea se repite para mostrar que «la patria de un escritor es su malestar con la lengua, su sensación de extrañeza con ella». El punto de partida de toda escritura que merezca la pena es esa incomodidad, ese vivir el centro desde el margen. Cierta solidez, sin embargo, es necesaria, como la que reconocemos al leer la poesía de Peyrou. Una manera de marcar los ritmos, una intención específica en la manera de nombrar, cuando repetir no es decir lo mismo sino aprender a decirlo de otra manera. La idea más valiosa de la modernidad al servicio del poema.

Al leer, la mirada se transforma, viaja, pero también crea mundo, crea sentido de mundo, expresa la razón del estar aquí y ahora. «Cuando la flecha da en el blanco/ surge el blanco/ el blanco no existía antes del impacto». Como la poesía de Peyrou, que resignifica no sólo lo que entendemos por poema sino también por identidad, porque detrás de cada frase hay una pregunta que nos interpela y nos mantiene en actitud despierta. «¿Cómo será ser otro? Esa pregunta es el equipaje del exiliado. También es el equipaje del escritor». Estos dos libros nos invitan a explorar con precisión y curiosidad estas cuestiones. Leer a Mariano Peyrou es siempre volver al origen, pero es también confiar en lo insólito que aguarda en el misterio.


Portadas de «Flecha de nosotros» y «Ser uno», de Mariano Peyrou (Editorial Pretextos)
«Ser uno» reúne algunas de las inquietudes fundamentales de la obra de Mariano Peyrou

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