«Poesía como exilio» de Arturo Borra (P.U.Z.)

Te invitamos a leer «Poesía como exilio», de Arturo Borra (P.U.Z), un ensayo sobre la relación entre poesía y comunicación.


Reseña de «Poesía como exilio» de Arturo Borra (P.U.Z.) en Bestia Lectora

¿Cuál es la frontera que divide lo personal de lo político? Seguramente nadie que se precie como librepensador se ha pasado por alto esta pregunta. Y es el hilo fundamental del que tira Arturo Borra en su libro Poesía como exilio (Prensas de la Universidad de Zaragoza). La manera en que la extranjería infiere sobre la creación poética ya se encuentra presente en su propia poesía, pero en esta ocasión las inquietudes lo llevan a Borra un paso más allá para leer su propio viaje como extranjero desde las poéticas de otros autores y autoras, y construir una explicación lúcida en torno a la relación que existe entre poesía y comunicación. ¿Cuál es el objetivo de un poema? ¿Cuánto puede servir la poesía a la hora de construir una idea sobre el mundo y las relaciones? Estas son algunas de las preguntas que marcan el paso de esta reflexión. «Incluso los textos poéticos son "actos de poder"», dice Borra; por tanto, ¿no merecen la misma consideración que un texto enmarcado absolutamente en las fronteras de lo comunicacional? Ese es el punto de partida de este ensayo extraordinario que nos invita a reflexionar sobre el potencial verbal de la extranjería como espacio de disidencia. Que no se lo pierda nadie.



El transtierro como espacio de luz


En Poesía como exilio Arturo Borra nos presenta una importante pregunta: ¿puede la poesía ser analizada con los mismos parámetros que otros discursos comunicativos? Para responder a ella debemos indagar en ciertas miradas y líneas argumentativas que han sentenciado y definido qué es lo poético, dejándol generalmente fuera del campo comunicativo, dada su huida de toda retórica y formulación definitoria.

Dependiendo de cómo lo analicemos, insiste Borra, lo poético puede ser vinculado a la comunicación. En tanto y en cuanto siempre hay un mensaje de fondo que puede incidir en la construcción de la vida y en el replanteamiento de ideas, es decir, en tanto lo poético puede avanzar sobre lo político a través de un replanteamiento del lenguaje, podríamos decir que merece un espacio dentro del territorio de la comunicación. Las poéticas del exilio, por ejemplo, tienen como objetivo crear un nuevo espacio de identidad individual y colectiva, y aquí la comunicación es resistencia. Borra dice que las «escrituras disidentes» que nacen de la extranjería pueden servirnos para comprender mejor el vínculo estrecho que existe entre lo poético y la comunicación; vínculo que ha sido negado y desdibujado a través de conceptos enraizados en un canon poético no subversivo. Este libro intenta ofrecernos un nuevo panorama como lectores, invitándonos a adoptar nuevas posibilidades en el campo poético.

«Podría insistirse en la idea de convertir el "destierro" en un "transtierro", como modo de avanzar en una dirección posibilitadora». Sin duda, su lucidez nos abre nuevas sendas para la comprensión de la poesía. Y nos presenta para ello la lectura de varios autores y autoras en clave de exilio, para indagar sobre el impacto de la extranjería en el lenguaje y la forma en que muta la poesía cuando se vive el «exilio como imposibilidad de patria».



Ocho poéticas atravesadas por la extranjería


Borra inicia este camino de búsqueda poética, que es en sí misma un largo exilio lector, a través de la poesía de Juan Carlos Bustriazo, autor de libros como Canto quetral y Elegías de la piedra que canta. De él dice que «transita por un espacio simbólico fantasmagórico, un ambiente maravilloso y ancestral en sus ecos telúricos. Y se detiene en esa extraordinaria capacidad para trabajar sobre una «lengua salvaje», donde «la memoria de lo desaparecido» juega un papel fundamental. También sobre lo perdido transita la obra de Héctor Viel Temperley, a quien le debemos ese libro extraordinario sobre enfermedad y olvido titulado Hospital británico. Escribe Borra: «en su soledad, Temperley invoca un futuro incierto donde empezar de nuevo». Y se aferra a la luz en un libro que podría dejarnos hundidos para siempre, pero en el que el propio Temperley supo irrigar belleza e ilusión.

En la mayoría de estas poeticas el idioma muta, porque también lo hace en la realidad. Las dificultades de la comunicación sobre el mundo avanzan sobre la poesía. Tal es el caso de María Negroni, autora de libros imprescindibles como Islandia, El viaje de la noche, Interludio en Berlín y Arte y fuga. Negroni se aferra a una estética disruptiva para expresar a través de ella esa disidencia respecto al mundo que rodea el propio lenguaje, para nombrar lo que falta o lo que se ha perdido. En ella, dice Borra, «el uso de la tercera persona del plural es indicativo: constata la exclusión de la mujer de cualquier registro heroico, atribuido en los discursos hegemónicos a la masculinidad». De este modo, el lenguaje poético sirve para pararse en otro lugar y «cuestionar lo real como puro dato». ¿Acaso existe algo más político que esto? ¿ Podríamos distanciar la intención de la poesía de Negroni del acto comunicativo?

También la poesía de Miguel Casado es eje de investigación, donde la movilidad física, el nomadismo, se ve reflejado en la poesía. Algunos de sus libros son Tienda de fieltro y Del caminar sobre hielo. Leemos a Borra: «Esa metáfora del tránsito, donde no hay ni puede haber patria alguna: ¿cómo podría existir semejante morada en el desplazamiento continuo al que la escritura (de la vida) nos lanza?»

Lo político se aparece todo el rato en este libro, en cuanto a su relación con la extranjería y con el lenguaje. Algunas de estas poéticas son atravesadas por lo político pero casi como de casualidad, otras parten de él y usan la poesía como canal pero de fondo portan una intención más cerca de lo revolucionario y lo social que de lo lingüístico. Pero la lengua lo roza todo, y se queda corta. En Chantal Maillard, por ejemplo, lo político se manifiesta por «la propia crítica de la identidad y, mediante esa crítica, en el cuestionamiento de una forma de vida atravesada por el consumismo hedonista». Basta acercarse a libros como Diarios indios o La herida en la lengua para impregnarse de esa idea. Otra cosa que señala Borra de su lectura de la enormísima Chantal es esa idea de que el lenguaje es una búsqueda constante del paraíso perdido, al que no podemos volver; entonces, al leerla «somos lanzados a un viaje interminable con la secreta promesa de regresar al charco de infancia inaccesible». Es fascinante pensar que hay más fuego y rebelión en su poesía que en cualquier manifiesto político. ¿Vamos entonces a seguir pensando en la poesía como en un campo inane donde no ocurre ni se nos contagia nada?

En este viaje, Borra llega a la obra de Mercedes Roffé que en su estética nos invita a pensar «la poesía como forma de abandono». Podemos constatar esta idea en libros como Canto errante o Las linternas flotantes. Y andando paso a paso llega a la poesía de Arnaldo Calveyra, autor de libros como Diario de Eleusis o Maizal del gregoriano. Dice Borra que en él «el lenguaje se torna parte de ese avanzar en la oscuridad», y la voz muta al ser atravesada por la conciencia de la pérdida.


En la poesía de Antonio Gamoneda encontramos más claves para pensar en el peso de la extrañeza sobre la comunicación y el vínculo que se establece entre ésta y la poesía. En libros como Libro del frío o Lápidas podemos indagar sobre su propia forma de percibir el exilio, que comienza y termina en un espacio íntimo, «el espacio de lo inhóspito» donde «la memoria es aquí desgarro, distancia de una "miel oscura" que intensifica lo ausente». También en la obra de Lucía Sánchez Saornil Romancero de Mujeres Libres aparece la memoria y la extrañeza de una forma similar a la de Gamoneda. En ella, diciéndolo con Borra, «la añoranza de otro mundo social recorre su poesía» y nos obliga a encontrarnos con lo político como pregunta y lo poético en vínculo con la comunicación. En su caso «lo político no acompaña a lo poético; es una de sus dimensiones constituyentes». Teniendo en cuenta esto, ¿no sería un poco necio desligar su poesía de lo comunicativo, tratándose de una llamada a la acción para pensar y transformar el mundo?

Una de las grandes dificultades de este tiempo es plantear miradas disidentes, salirse del discurso uniforme, que no diverso, que atraviesa todas nuestras relaciones incidiendo de forma peligrosa en todo acto de comunicación. Aprender a leer y pensar fuera de él es el gran desafío que tenemos. Y en este maravilloso ensayo Arturo Borra tiende algunos puentes entre lenguaje y poesía para pensarnos desde otro lugar, para poder leer la realidad desde la rebelión, construyendo nuevas vertientes comunicativas que incluyan la dislocación y la ruptura del discurso hegemónico como punto clave. Porque, como dice Borra, «la referencia a la poesía exiliar, como posición crítica, hace posible la anticipación de otro mundo, fuera de las fronteras instituidas». Que nos sirva este libro para construir una crítica lúcida sobre el mundo que nos toca.

Cubierta de «Poesía como exilio» de Arturo Borra (P.U.Z.)
POESÍA COMO EXILIO. ARTURO BORRA. PRENSAS DE LA UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA. 2019

4 Comentarios

  1. Me parece una propuesta muy interesante. No la conocía y me la apunto, porque me gustan mucho los ensayos.
    Un abrazo y gracias por el descubrimiento, querida Tes.

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    1. ¡Muchas gracias a ti por tu lectura, Rocío! Y si te gusta la poesía, te recomiendo MUCHO a Borra. Tiene un libro en Planeta Clandestino, "Anotaciones en el margen", que es uno de los mejores libros de poesía que leí en los últimos años. Me fascina mal su poética. Ojalá que te guste.
      Un abrazote.

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  2. ¡Hola! Yo lo dejaré pasar, porque definitivamente no soy de este tipo de lectura.
    De todas maneras gracias por la recomendación.
    ¡Un saludote!

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    1. ¡Muchas gracias por tu sinceridad! Por suerte hay libros para todas :) Un abrazo y gracias por tu lectura.

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