Andrés Neuman en «Lunes de Poesía»

Andrés Neuman en nuestra primera entrega de «Lunes de Poesía».


De la obra poética de Andrés Neuman podrían señalarse muchas cualidades. De su empeño por hacer de la lírica algo plástico y material. De su capacidad para dar movimiento y musicalidad a una serie de palabras que otros poetas desdeñarían a la hora de construir un poema: repercute, victimismo, necrología, derrocharíamos, empecinamiento, propagación, neumático. De la voz que se tuerce para irrumpir donde lo vivo. Y sin embargo, seguramente una de las cosas que más nos conmueven de su poesía es el constante movimiento; es esa tierra que tiembla y se transforma: la capacidad evolutiva del lenguaje sin orilla. Da la sensación de que lo que impulsa sus versos es la ruptura con todo lo predecible.

Posiblemente, una vez que has leído toda la poesía de Andrés Neuman —leer con ganas de encuentro, quiero decir—, sientes que has perfeccionado y entrenado la intuición de su poética a tal punto que te ves preparado para predecir hacia dónde se dirige la intención en el poema. Sin embargo, Neuman siempre consigue contradecirnos y cuando creíamos que habíamos entendido el hilo estético de su discurso, nos sorprende con un martes 13. Es cierto que en ocasiones el asombro parece menor que el que como niña toda ojos te invadió ante su libro «Métodos de la noche» —sigue resultando asombrosa la madurez de esta poética-brote—, pero estamos ante un poeta que no se repite, y por eso sigue habiendo curiosidad y maravilla en su obra. Esa sorpresa también tiene voz en su último poemario, «Vivir de oído» (La Bella Varsovia), y son precisamente dos poemas de ese libro los que hemos elegido para iniciar este ciclo poético, Lunes de Poesía, en Bestia Lectora.

«Penúltima derrota frente al mar del sur» es el primero. Por un lado, porque es un relato fabuloso que permite diversas lecturas: la mirada cíclica de la vida, esas historias que se repiten y se siguen narrando por primera vez, la conquista que no termina nunca y, atravesándolo todo, la idea que tenemos sobre lo que es político, y no. Por otro, lo elegimos porque es un poema que parece sobresalir del libro, como esas imágenes tridimensionales de los cuentos infantiles. Un poema que en tema y estética es bien diferente al resto. Si los demás poemas se hallan escritos en un tono intimista, «Penúltima...» plantea una mirada colectiva sobre la Historia y la herencia que nos parece enriquecedora. Por último, estamos ante un relato que se encadena de forma armoniosa pero termina líquido, como si se interrumpiera, como si volviera a empezar, como si quedara en suspenso. La historia no acaba nunca, la poesía —o el poema—, tampoco.

«Movilidad de lo otro» es el segundo poema que hemos seleccionado de «Vivir de oído». Si el anterior se apoyaba sobre el peso de la Historia y la realidad, aquí estamos ante la voz de lo Maravilloso, lo Otro, moviéndose en el interior del poeta. La contemplación, la vida detrás de las ventanas, la luz que aguarda bajo tierra. Un poema breve pero absolutamente contundente que nada —por mantenernos en sintonía con los versos— en busca de Sentido. Eso que necesitamos hallar cada vez que nos sentamos ante un poema, y que siempre se nos escapa.

En la poética de Neuman encontramos mucho esto: la certeza de que sólo hay dos caminos posibles, el de la catástrofe o el de la armonía. Al leerlo, nos preparamos para que todo se deshaga. Sin embargo, la ruptura se produce antes de lo esperado, interrumpe así brutalmente la musicalidad del poema y nos deja con esa sensación de realidad —la vida es un poco eso ¿no?, una constante cachetada que nos recuerda que no hemos venido para quedarnos— que en un poema bien conseguido es plenitud, al entusiasmarnos con una imagen o una idea, que se reproduce en nosotros como en el libro. La poesía como una espiral donde realidad y abstracción pueden organizar nuestra mirada de una forma auténtica.

¡Que a nadie se le escape este libro hermoso de Neuman; ojalá!

Movilidad de lo otro

Paisaje te sustrae movimiento,
como si se llevase el peso de tu
sombra.

Y el pez de la emoción
nadando bajo tierra.

[Vivir de oído. Andrés Neuman. La Bella Varsovia, 2018]

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