Reseña de «Y su despojo fue una muchedumbre», por Verónica Hernández

Verónica Hernández escribe sobre Y su despojo fue una muchedumbre, de Gabriela Cabezón Cámara e Iñaki Echeverría (Cazador de Ratas)



Reseña de «Y su despojo fue una muchedumbre», por Verónica Hernández
Foto: Verónica Hernández

Verónica Hernández se autodefine como una lectora feminista que lee y habla sobre libros en su blog Leo y te lo cuento. Asegura que sus lecturas las hace desde las tripas y que más que contar acerca de los libros quiere acercarnos a esos personajes que de alguna forma la han transformado. Desde Bestia lectora queremos invitarte a seguirla en su blog y en su cuenta de Instagram, donde comparte lecturas deliciosas que seguramente te interesarán. Estamos muy contentas de que Verónica haya aceptado inaugurar este nuevo espacio de lecturas compartidas, en el colaborarán diferentes personas amantes de los libros y sobre todo de lo que provocan los libros: las ganas de compartir lenguaje y mundo. Disfruta de esta hermosa lectura que ha hecho de Y su despojo fue una muchedumbre, de Gabriela Cabezón Cámara e Iñaki Echeverría (Cazador de Ratas).



Verónica Hernández lee para Bestia lectora

En un momento como el actual, en el que lo individual parece primar sobre lo colectivo y pese a lo que intentan vendernos mi sentimiento es que estamos más separados que nunca y sólo pensamos en nosotros mismos, encontrarme con este libro ha sido toda una revelación.

Un libro encuadrado dentro del género de novela gráfica, pero al que yo incluiría en poesía, aunque esté escrito en prosa. Cabezón escribe pura música, un placer para los sentidos. A conciencia no usa apenas signos de puntuación, lo que te obliga a leerlo y sentirlo como lo que es: tres odas poéticas destinadas a narrar algo horrible y que te hacen preguntarte cómo puedes disfrutar tanto leyendo algo tan verdaderamente triste.

Digo inhumano y me desdigo... quizá sea lo más humano y esperanzador que he leído últimamente. Pequeños actos (pequeños por ser individuales) que ocasionan grandes cambios (multitudinarios). Pequeñas revoluciones individuales que acabaron siendo grandes revoluciones sociales, nacionales, universales. Tres pequeñas mariposas ocasionando detonaciones cuyas ondas expansivas traspasaron fronteras.

No entendí el título hasta no acabar la primera de las semblanzas. Efectivamente, el despojo de una sola persona tuvo el poder mágico de convertirse en muchedumbre. Con cada uno de los tres capítulos, que son tres vidas y tres finales de vida, la autora es capaz de transmitirnos, a la vez, lo más grande y mezquino del ser humano.

Gabriela Cabezón me ha emocionado hasta las lágrimas; quizá esté sensible, como ya he dicho al comienzo de esta publicación. Me ha emocionado por la belleza del lenguaje, por los sentimientos que transmite, por la desgraciada suerte de estas tres personas, por la conciencia de mi propia ignorancia, por reconocerme entre las que ni siquiera sabía de la existencia de estos hechos y su importancia histórica...

Me ha llamado la atención también la espiritualidad que rodea a los tres relatos. Dios, en sus diferentes formas y creencias, está presente como un elemento más, dando a las historias ese toque de misticismo que, según el momento, podemos asociar al fanatismo o las grandes virtudes del alma humana.

«Primavera árabe» nos habla del comienzo, de la chispa que encendió el movimiento. Esa pequeña e insignificante mariposa que, con su inmolación pública en Túnez como protesta por el maltrato policial y una vida llena de penurias, ocasionó una revuelta popular en la que rodaron cabezas y que acabó convirtiéndose en el clamor de toda la población árabe por la democracia y los derechos sociales (precio de los alimentos, falta de trabajo, represión, casi nulidad de libertades y derechos). El efecto dominó llevó la revolución a 18 países del mundo árabe.

Gabriela Cabezón nos pone en la piel de Mohamed Bouazizi hasta hacernos sentir su impotencia, su dolor y su entereza. Podemos sentir el olor y el calor de su cuerpo ardiendo.

«No mata» nos lleva hasta Neuquén (Argentina) y nos sumerge en los últimos minutos de la vida de Omar Carrasco, un joven de 19 años que fue víctima de una paliza feroz por parte de un subteniente y dos soldados cuando se encontraba realizando el servicio militar obligatorio. Esta paliza le costó la vida. Y fue su vida perdida lo que ocasionó un cambio en la vida del pueblo argentino y la supresión del servicio militar obligatorio, una institución centenaria que ni una política planificada ni el resultado de largos debates parlamentarios habían sido capaces de tumbar.

Con «Oda a Dilar Gençxemis. Comandanta Arin Mirkan» viajamos a Kobane (Siria). Acompañamos a una de las miles de mujeres que forman parte de la resistencia kurda frente al terrorismo islámico. Asistimos a un acto de valentía, coherencia y generosidad que ocasionó la salvación de cientos de habitantes y de algunos guerrilleros gracias al suicidio voluntario (¿sería más correcto llamarlo autosacrificio ofrendado?) de Dilar, Comandanta peshmerga Arin Mirkan, mujer que se enfrentó a la muerte aún a precio de su propia vida. Salvadora de mujeres de las violaciones a las que habrían sido sometidas, salvadora de los hombres de Kobane de la tortura y la muerte, salvadora de los niños y niñas de un destino incierto o de una muerte violenta, Dalir es considerada una mártir para su pueblo, símbolo de la resistencia de las mujeres, símbolo de la lucha contra la esclavitud y la injusticia social con sus atrocidades.

Tenemos aquí tres cortos relatos, tres pequeñas/grandes historias, donde lo narrado compite en intensidad con la manera de narrarlo. Las ilustraciones de Iñaki Echeverría son magníficas, sencillas y potentes a la vez, un gran acompañamiento para el texto que aumenta la emoción que provocan las palabras.

Y su despojo fue una muchedumbre es una joya para tener a mano y releer cuando la fe en la humanidad se pierde. Ha sido para mí el descubrimiento de una autora a la que volveré sin dudarlo, así como también de la editorial, Cazador de ratas, que a partir de ahora tendré más en cuenta, ya que me parece un trabajo delicioso en todos los aspectos.


¡No te olvides de pasarte por el blog de Verónica Hernández, donde encontrarás lecturas fabulosas como ésta!

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