Amos Oz en «Miércoles de Cuento»

Un cuento de Amos Oz en nuestro ciclo «Miércoles de Cuento».



Amos Oz en «Miércoles de Cuento»

«Cuanto más altos son nuestros ideales, más ridículas son las debilidades y las contradicciones». Eso piensa Roni Sindlin, a quien le fascina saberlo todo de la gente del kibutz. Roni que, con su gran simpatía y su carisma, consigue animar cualquier encuentro, pero tiene serias dificultades para involucrarse en la educación de su hijo Yubal. En este «Miércoles de Cuento» vamos a hablarte sobre esta historia, «Un niño pequeño», del libro Entre amigos de Amos Oz. Sin lugar a dudas se trata de una lectura que merece muchísimo la pena, y que ha sido traducida del hebreo por Raquel García Lozano para la colección «Nuevos Tiempos» de la editorial Siruela.



Un libro sobre los sueños y el dolor


La narrativa de Amos Oz tiene dos cosas que me obsesionan y me producen admiración. La primera es que, pese a que sus historias se apoyan en un lenguaje sencillo, sin ripios ni desmesurado detalle, son profundamente poéticas, lo que nos lleva a experimentar la lectura como una especie de ensoñación. Lo segundo es su manera de trabajar el ritmo. Es muy difícil despegarte de sus historias, porque se hallan contadas de una forma sumamente hipnótica. A tal punto que, al acabar un cuento, lo empiezas de nuevo, porque necesitas repetir esas sensaciones.

Amos Oz es uno de los escritores más increíbles de nuestro siglo y Entre amigos es un libro de relatos fascinante. De toda la obra del escritor hebreo, es una de las que más he releído, de las que más amo. Hay mucho que aprender a nivel humano y literario de él. Porque ha sido capaz de desempeñarse de forma extraordinaria tanto en el terreno del relato breve como de la novela, sin quedarse corto en ninguno de los dos campos. En el caso de este libro en particular, una de sus cosas interesantes es que tiene una tensión más propia de la novela aunque nos presenta historias aparentemente desconectadas. Esta tensión Oz la consigue haciendo del escenario un personaje indiscutible. Todas las historias transcurren en el mismo lugar, por lo que algunos personajes se asoman y se cruzan de un relato a otro, y el lugar es un espacio de reunión y también el propulsor de las diversas tramas íntimas que podemos leer.

Pero esta cualidad no es única en este libro, podríamos decir que es uno de los sellos de la narrativa de Amos Oz. De alguna forma, sus libros son pequeños organismos, donde todas sus partes están dotadas de cierta individualidad pero que adquieren un peso mayor o una mayor influencia en nosotros como lectores, en una lectura global; todas esas historias no existirían sin ese gran personaje que es el ambiente, con sus estructuras y sus características. En este caso en particular el ambiente es sumamente significativo, porque el sentido del libro es contarnos cómo es la vida en un kibutz. De este modo, vamos a conocer pequeños fragmentos del día a día de una serie de personajes realistas, iluminados con esa mágica ficción que caracteriza todo lo que concibe Oz.

Si quisiéramos ahondar un poco, y sin llegar a convertir este texto en una reseña, podríamos decir que en Entre amigos podemos conocer a una gran variedad de personajes que se encuentran en un momento clave de sus vidas. En ese punto en el que las esperanzas y los sueños parecen haber dado lugar a una rutina desoladora, que es el detonante de las historias, algo ocurre que distorsiona la perspectiva y permite un poco de luz en la anodina vida. Oz consigue sacar de ellos la pasión y, sin salirse del realismo, llevarlos a tomar decisiones que parecen ir en contra de lo que su monótona vida representa. Sentimientos como la venganza, la desesperación y la angustia consiguen que muchos personajes saquen lo mejor de ellos mismos para conseguir, aunque sea por un ratito, sentir la fuerza de la vida en toda su magnitud con la yema de los dedos.



La muerte y la infancia


El cuento que hemos escogido para este capítulo del ciclo, «Un niño pequeño», narra la relación de un padre y su hijo y presenta de forma indirecta algunos dilemas que nos permiten reflexionar sobre la educación, la crueldad y las injusticias. También nos ofrece una mirada sobre la gran dificultad que supone o ha supuesto para la mayoría de nosotros incorporarnos y latir en consonancia con el sistema de normas e imposiciones que nos contiene.

Yubal es un niño que sufre acoso por parte de sus compañeros porque es pequeño y frágil. Cuando todos los adultos se marchan y él tiene que acostarse en la casa de los niños, se apaga la luz y se enciende el terror para él. Con la intención de huir de la desesperación que esa situación le provoca, se abraza a un patito de goma amarillo y cierra los ojos. Su padre le ha hablado de un lugar que se llama Hadramaut y Yubal no puede dejar de pensar en ello. La muerte es la noche. La noche y la violencia. La noche y la soledad. Yubal piensa en ese lugar. Y Oz, sin decirlo, nos invita a sentir más allá de lo que dice, a rozar ese territorio simbólico tan presente de forma subterfugia en su literatura. En árabe Hadramaut responde al significado de «la muerte ha llegado», porque es un pueblo que ha sido masacrado a lo largo de la historia y las guerras. Pero eso no tenemos por qué saberlo, a menos que indaguemos, a menos que sepamos que todas las palabras y los nombres en Oz tienen un sentido, y deseemos dilucidarlo. Lo que nos interesa aquí, lo que Oz quiere mostrarnos, es el miedo de ese niño enfrentándose a la violencia. Yubal cierra los ojos, piensa en esa palabra, Hadramaut, y se prepara para lo peor.

En este cuento hay dos cosas que me parecen muy atractivas. Por un lado, la ternura con la que Oz nos presenta a estos dos personajes. La vulnerabilidad de dos hombres que son criados en una sociedad que exige de ellos la rectitud y la supremacía de la practicidad y la razón, pero que tienen un fondo íntimo jugoso que les impide acompasarse al ritmo que se les impone. Que la pasión compartida entre padre e hijo sea coleccionar sellos de otros países es un detalle extraordinario; como si necesitaran mirar hacia fuera para darle sentido a sus vidas, como si sólo en la especulación y fabulación de otros lugares pudieran encontrar la paz que sus propias vidas no les da. Por otro lado, la forma en la que Oz narra las situaciones, sobre todo el uso que hace de las comas, con tantas licencias poéticas, hace que puedas vivir en el cuento, que puedas tener un panorama exacto de lo que está ocurriendo, y que la historia te cambie para siempre. Pienso que tenemos aquí dos muy buenas razones para darle una oportunidad a este libro.

Y terminamos con un minúsculo fragmento de este cuento. Te recomendamos, y te recomiendo, con mucha energía este libro fascinante del maestro Oz.

(...) «Al final, los dos se pusieron los abrigos. Roni le puso a Yuval las botas verdes y le ató el gorro bajo la barbilla. Cogió de detrás de las escaleras un palo grande y grueso para ahuyentar al lobo, y se fueron hacia la casa de los niños. Yuval rodeó con un brazo la cabeza de su padre y con el otro agarró con fuerza el pato que pitó varias veces débilmente. Al pasar por el bosque situado detrás del comedor, Roni agitó el palo y dio golpes al aire mojado hasta que el lobo huyó. Yuval pensó en eso un instante y luego comentó con tristeza que el lobo regresaría más tarde por la noche, cuanto todos los padres estuviesen durmiendo. Roni le aseguró que el vigilante ahuyentaría al lobo, pero el niño no se tranquilizó, porque sabía que el lobo devoraría al vigilante». (...)

«UN NIÑO PEQUEÑO». ENTRE AMIGOS. AMOS OZ. RAQUEL GARCÍA LOZANO (TRAD). EDITORIAL SIRUELA. 2012
Entre amigos, de Amos Oz (Siruela)

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