«Karaoke», de Gonzalo Campos Suárez (Sloper)

Un libro de cuentos donde lo que acontece es la voz de un conjunto heterogéneo de personajes.

«Karaoke», de Gonzalo Campos Suárez (Sloper)

Me gusta pensar que la gran diferencia entre el cuento y la novela, más allá de la estructura y la hondura de los temas, se puede encontrar en el trabajo de los personajes. Mientras una novela debe analizarse desde el punto de vista del impacto de los hechos en los personajes, en el cuento la mirada es al revés, el impacto de los personajes en los hechos. Cómo actúan, quiénes son, y a partir de ahí todo el relato. Y después tenemos el teatro, en el medio de los dos géneros, donde el espacio es el que guía el discurso, contra lo que se cree que son los diálogos. Mientras leía Karaoke de Gonzalo Campos Suárez (Sloper) lo he confirmado. Si algo importa aquí son los personajes, acaparando nuestra atención, llenándonos de sentimientos y sentido, y permitiéndonos adentrarnos en el corazón del alma humana. Pero como no es un cuentario al uso, y hay una intención teatral también en la construcción de las historias, el entorno de los personajes es otro elemento que hay que mirar bien para comprender la hondura estética del libro.


Si algo importa aquí son los personajes.

Karaoke es un libro de cuentos que nos invita a pensar en la estrecha relación entre narrativa y teatro. Algunos de los cuentos son realmente puestas en escena fascinantes que nos hipnotizan. El interés por los detalles se nota desde el principio, donde conocemos a Yukio, un joven japonés empeñado en defender las costumbres y la tradición, hasta que un encuentro inesperado lo noquea. Avanzamos en este cuento a través de los campos de arroz y vamos adentrándonos en un paisaje natural que es también el paisaje interior del personaje. Leemos en este primer cuento: «Si se avanza paralelo a él en el sentido contrario de la corriente, el pasto se asilvestra, el bramido del agua se recrudece y el sendero se esfuma».

Este juego de adentro y afuera se repetirá en todos los cuentos y me parece que es uno de los grandes aciertos de este libro. Aunque la mayoría de los textos se sostienen en un realismo con ingredientes humorísticos, en los cuentos más intensos, que son los que cierran el libro —un tríptico que da cuenta de la fuerza totalitaria de los sentidos que a veces impiden un análisis claro de la realidad— el autor juega con ingredientes de fantasía y de humor absurdo. De hecho, me atrevería a decir que el teatro del absurdo y la literatura latinoamericana aparecen de fondo, como una bandera iluminando la escritura de este libro.


El teatro del absurdo y la literatura latinoamericana podrían estar de fondo.

Entre los aspectos más destacados de este libro me quedo con el trabajo de los personajes. Encontramos un abanico amplio y heterogéneo de hombres y mujeres, y todos ellos se encuentran en algo: están perdidos. Han llegado a un momento de sus vidas en que las cosas ya se han torcido tanto que parece no haber alternativa de remiendo. La realidad finalmente se muestra tal cual es y deben asumirla tal cual es, ante la imposibilidad de continuar negándola o de ocultarse en sus miedos o sus fantasías. Encontramos personajes que están en guerra con ellos mismos y con el mundo pero que no saben cómo salir de ese enredo. A veces la desesperación los conduce a la desidia, en otros casos los lleva a embadurnarse de vida. Y es muy interesante cómo en todos los casos hay luz al fondo, que se asoma al relato con pinceladas de realismo o de ironía. Y me encanta esto: «La piedra, trabajada en infinidad de caras refleja de forma asombrosa la luz del sol». Decía que los personajes se parecen en que todos están perdidos. Tal vez debería haber usado el término "inmóviles". Hay en ellos una especie de inmovilidad que les impide salir de un círculo de desidia, y nuestro objetivo es averiguar el porqué y el cómo de esa compleja situación. Además, me parece que estos cuentos podrían servirnos para comprender nuestra propia manera de relacionarnos con el mundo y de avanzar hacia el futuro.


«Karaoke», de Gonzalo Campos Suárez (Sloper)

Gonzalo Campos Suárez juega con el tono. No hay dos cuentos iguales. No hay un personaje que se parezca a otro. Esta versatilidad en el texto se expresa también en la diversidad de los temas, y todo colabora con la composición de un libro redondo y con cierto compromiso hacia los temas importantes de la realidad. Desde la revisión del pasado hasta la soledad de nuestros días, desde la aceptación del paso del tiempo a la conciencia de que siempre hay futuro.

En lo que respecta a la forma, algunos cuentos tienen una estructura clásica, mientras que otros tiran del diálogo y nos plantan en un escenario bien definido, al punto que parecen casi pequeñas obras de teatro. Hay también textos que remiten a la literatura de diarios y memorias. Y aquí viene lo interesante: la fluidez en el paso de un tono a otro. La complejidad del libro está ahí. Porque el orden de los cuentos y la curva de crecimiento e intensidad del libro están tan bien cuidados que éste no puede leerse como un conjunto de historias inconexas sino como un todo que gira en torno al carácter azaroso e inasible de la vida, a las múltiples posibilidades del presente y también a la diversidad de identidades que compartimos mundo. Es admirable que Gonzalo Campos haya conseguido articular tan bien esa heterogeneidad ofreciéndonos, paradójicamente, un universo homogéneo, creíble y bello. Y se me ocurre que en gran parte ha sido posible gracias a su gran capacidad para establecer un puente juguetón entre realidad y absurdo. El humor le permite entrar como narrador en el juego de los personajes, para pensarlos —e invitarnos a nosotros a pensarlos— desde otro lugar y también para dejar abiertas muchas puertas de entendimiento. De este modo, al rozarse los personajes y las historias no desarman la forma del cuentario.


El humor le permite entrar como narrador en el juego de los personajes.

«Empezó el tercer acto con el público entregado», leemos en uno de los cuentos. Y así, entregados, nos abalanzamos sobre estos cuentos, donde hay un brillo de lucidez que nos renueva. Porque Karaoke es un libro entretenido, audaz en todo lo que se propone, y que nos permite reconocer a un autor que ha transitado con empeño la senda del teatro y que ha conseguido crear un puente interesantísimo y bello entre teatro y narrativa. Que nadie se pierda estos fabulosos cuentos.


«Karaoke», de Gonzalo Campos Suárez (Sloper)

KARAOKE
GONZALO CAMPOS SUÁREZ
SLOPER
2022

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