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«El azar la ha colocado en ese lugar y en esas circunstancias». Nueva York. Año `92. La Transición ha terminado y España desea mostrarse frente al mundo como un país moderno y europeo. Para ello se ponen en marcha una serie de actos cuya simbología profunda es declarar la clausura de un tiempo de oscuridad. La conmemoración del Quinto Centenario de la llegada de Cristobal Colón a América se celebrará con numerosos actos fastuosos en los que el gobierno de Felipe González intentará entrar con solidez en las dinámicas que mueven la política en occidente. En ese lugar y esas circunstancias se encuentra Lita Tejero, la protagonista de Los ojos de la diosa, de Pilar Tena (Tres Hermanas), una novela que combina un retrato intimista y social entramado mediante una intriga que incluye persecución y corrupción política. Una historia que nos abduce y traslada a uno de los momentos más fascinantes de la historia del mundo de los últimos siglos.
Contenido del artículo
Intriga y desamor en la nueva novela de Pilar Tena
«¿Cómo podría imaginar que su propia historia, lo que ella está viviendo, su inquietud y su miedo, se desplegaría en este entorno fastuoso? El Madison Square Garden». Los ojos de la diosa empieza con un sueño hecho realidad: Lita Tejero tiene la oportunidad de unirse a la comitiva que tendrá la responsabilidad de organizar el aterrizaje de la nueva política de estado de España en el mundo occidental. Un sueño que pronto empezará a adquirir una tonalidad opaca a medida que la decepción vaya ensombreciendo esa nueva hermosa vida por la que Lita ha decidido cruzar el océano. En la capital de occidente, en esta ciudad tan literaria como perversa, se desarrolla una novela llena de intriga y con una ambientación fabulosa. La nueva novela de Pilar Tena nos recuerda de qué madera está hecha esta novelista.
Seguramente pocos momentos sean tan jugosos para la literatura como los años noventa. Una década bisagra entre dos órdenes. La clausura de un siglo político donde los grandes bloques ideológicos provocaron el derrumbe de algunos de los valores fundacionales, abriendo la posibilidad de una realidad más diversa, pero también más inestable. El final de la Guerra Fría, la disolución de la Unión Soviética y la Caída del Muro de Berlín podrían ser esos tres hitos que darían pie al cambio, una transformación que consolidaría un orden unipolar y capitalista liderado por Estados Unidos. Muchos pensadores señalan este momento como "el fin de la historia". Francis Fukuyama escribe, por ejemplo, en El fin de la historia: «Lo que podríamos estar presenciando es el fin de la historia como tal: es decir, el punto final de la evolución ideológica de la humanidad y la universalización de la democracia liberal occidental como forma final de gobierno». Las décadas siguientes estarían marcadas por un discurso político que ha dejado atrás la filosofía y tendrá como punto de amarre las teorías económicas neoliberales. Este es el contexto en el que nos introduce Pilar Tena a través de esta novela que combina con acierto intriga, desencuentros amorosos y vida política.
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| Una época fascinante en la que Nueva York tenía otro paisaje |
El retrato del nuevo orden mundial
Cuando Lita Tejero se mueve por Nueva York la idea del nuevo orden está en pañales pero ya empiezan a verse elementos que serán definitivos para instaurar esta nueva mirada: la expansión de las multinaciones y el debilitamiento del Estado social. Las grandes corporaciones comenzarán a adquirir un poder antes inimaginable. Lo que aparece como una promesa global unificadora en realidad funciona como un disparador para las grandes catástrofes posteriores: las Guerras de los Balcanes y del Golfo Pérsico, y los genocidios que pondrán en evidencia la debilidad de la comunidad internacional.
Este marco es importante para entender la novela de Tena: el deseo de formar parte de un mundo que está cambiando es el gran motor de Lita y es lo que se respira en aquella Nueva York que se ha convertido en poco tiempo en el centro neurálgico de todo. Allí está Lita, enfocada en progresar, moviéndose en un ámbito diplomático que por momentos le resulta incomprensible, pero en el que consigue destacar por su buen hacer. Leemos: «Nueva York era un lugar para triunfar profesionalemente, no para desarrollarse en lo personal, ni mucho menos para criar hijos». Una ciudad que, por otro lado, ya está explorando la velocidad como ninguna otra, convirtiéndose en un monstruo que en unas pocas décadas conseguirá asimilar el mayor capital financiero del mundo. A un ritmo acelerado, la ciudad crece y sus ciudadanos se esfuerzan por destacar. Lita está fascinada por todo este movimiento y se une al trabajo constante. «El neoyorquino medio, el ejecutivo, necesitaba cada minuto del día para avanzar. Avanzar lo más rápido posible hacia el próximo logro, triunfar en el siguiente proyecto».
En ese retrato de época, Tena no elude uno de los episodios más devastadores de la política y la sociedad estadounidenses de finales del siglo XX: la crisis del sida. Fueron los años en que la homosexualidad volvió a ser señalada con una violencia renovada, mientras la enfermedad se cobraba miles de vidas en medio del miedo y la desinformación. La autora introduce esta inquietud a través de dos personajes magníficos, Ross y Jack, una pareja que será crucial en el desarrollo de la trama.
Ross es el gran amigo de Lita en la gran ciudad y la invita a pasar un fin de semana en su casa de Fire Island, «la isla es un refugio» para la comunidad LGTBI, un espacio de retiro para huir de la estigmatización social. Y allí Lita se adentra en los claroscuros salvajes de la época. «La caza de brujas se había convertido en algo habitual en muchas ciudad occidentales: la sospecha permanente de que, aun sin signos evidentes de enfermedad, el compañero de trabajo o el hombre de la mesa de al lado en un restaurante, tuviera el virus». El silenciamiento político convierte la epidemia en una tremenda pesadilla puesto que agrava las consecuencias al dejar a los enfermos en un abandono institucional que hoy resuena como una forma más de violencia. «Reagan tardó seis años en mencionar la palabra «sida», hasta hace nada, en 1987, cuando el virus estaba ya dominando las vidas de millones de personas». Podríamos señalar aquí que es una significativa y arriesgada novela en lo que respecta al retrato crudo de unos tiempos tremendos.
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| Una obra delicada y atmosférica |
Luz y movimiento en la década decisiva
Pensar el baile como una expresión vívida y emocional. Esta fue la gran idea de Martha Graham: desesterilizar el movimiento, hacer que la coreografía deje constancia del peso del cuerpo y del esfuerzo que ese movimiento exige. No parece en nuestros días una intuición particularmente epifánica; sin embargo, en la primera etapa del siglo XX, cuando esta jovencita nacida en Allegheny irrumpió en la escena norteamericana, generó tal impacto que nunca más la danza pudo verse de la misma manera. El cuerpo pesa, cae, el esfuerzo se hace visible. Lo que hasta ese momento era un empeño marcado por la ingravidez y la estetización, a partir de ella, se convirtió en carne: el cuerpo como incuestionable territorio para plasmar los conflictos y la contradicción humana.
Este es el retrato que nos regala Pilar Tena de ella: «Una fuerza de la naturaleza, una mujer única, original, irrepetible, lo que Stravinsky era a la música o Picasso a la pintura (...) Había captado la esencia de los aires de su tiempo y había aplicado la abstracción a su disciplina, la danza, revolucionándola». El guiño a la bailarina empieza, sin embargo, mucho antes, en el mismo título de la obra: The Eyes of the Goddess (Los ojos de la diosa) es el título de la obra póstuma de Graham. Su último trabajo, diseñado para ser representado en las conmemoraciones de Spain '92; sin embargo, Graham no pudo terminarlo porque la sorprendió la muerte el 1 de abril de 1991. Un título al que también podemos encontrarle diversas interpretaciones metafóricas, además de esta referencia directa.
En la programación del Quinto Centenario Lita entra en contacto con la bailarina y se queda fascinada. La escucha enseñando, con dulzura y dureza, con el tono de alguien que ha logrado mucho pero cuyos méritos han sido fruto de un enorme esfuerzo y disciplina. «No perdáis la atención en el movimiento», enseña Martha Graham, que ve la belleza del movimiento como una expresión de identidad. «Que venga desde el centro del cuerpo, desde el ala, que exprese lo que sentís, el incendio que tenéis en el interior». Y desde el centro del cuerpo vive toda la protagonista de esta novela, a quien la vida se le va torciendo y las intrigas del mundillo que la rodea comienzan a resultarle desagradables. La curiosidad, el querer saber y su empeño por descubrir la trama corrupta que rodea la institución a la que representa la guiarán a través de una espiral desesperante del que le resultará difícil zafarse.
Pilar Tena nos va envolviendo en el movimiento de la trama, aprovechando los contrastes de esta ciudad fascinante en un tiempo igual de fascinante y construye una novela de la que nos cuesta salir. La forma en la que el sueño de Lita se va esfumando o se mancha con la rutina es uno de los elementos que sostienen la novela y nos hace avanzar en la comprensión de ese mundo elitista donde las envidias y la ambición están a la orden del día. Los ojos que han visto ya no pueden apartar su mirada de lo que incomoda, y después de un suceso clave, la vida de Lita dará un giro rotundo. Tena consigue plasmar con acierto ese ocaso que se abre ante los ojos de la protagonista. «Le encanta ese momento, el del ocaso, cuando ya no hay luz del sol y la ciudad se va oscureciendo, con las nubes diluyéndose en un cielo que desaparece».
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| Martha Graham, una fuerza de la naturaleza, una mujer única, original, irrepetible |
El cuidadoso trabajo de la atmósfera en las novelas de Pilar Tena
Algo que siempre destaco de Pilar Tena es su gran capacidad para construir atmósferas. Creo que es su mayor virtud como escritora. Es difícil quedarse en el mundo que rozamos físicamente cuando entramos en sus libros. Hay un manejo de la temperatura ambiental, de los colores, sonidos, detalles en la vestimenta y el paisaje, que nos mantienen ligados a los espacios que habitan sus personajes. Cierro los ojos y puedo estar en el Ampurdán, en la Irlanda de segunda mitad del siglo pasado, y ahora, también, en la Nueva York de los noventa. Tengo la impresión de que el gran secreto de la autora es ofrecer detalles arquitectónicos peculiares, que conservan la esencia de la época y nos permiten entrar de lleno en sus historias.
En Los ojos de la diosa cierta determinación en mostrarnos los edificios del Neo Tudor, «el estilo Tudor Revival, inspirado en el siglo XVI inglés», que nos planta sin lugar a dudas en aquella época. Gracias a la observación de la piedra, Tena consigue plasmar la intensidad cultural del momento que habitan los personajes, caracterizado por una melancolía hacia el pasado que quiere mostrarse renovada: la arquitectura que retoma ciertos elementos característicos pero con un tinte moderno que pretende confirmar el progreso de occidente. La asimetría en la composición o el uso del ladrillo o piedra a la vista, las chimeneas prominentes y la elección de materiales tradicionales con una nueva visión artística expresan con contundencia el espíritu de aquellos años, y la autora se vale de ellos para crear una trama absolutamente inmersiva.
En Los ojos de la diosa, Pilar Tena propone una reflexión cruzada sobre la deriva política de occidente, pero lo hace de una forma encubierta, a través de una historia atrapante donde el desamor, la traición y la sospecha contribuyen con la elaboración de una trama sólida y atrapante. Cuando el mundo empieza a perder estabilidad, la protagonista tendrá que tomar algunas decisiones importantes y confiar en su intuición. Al final, la lectura nos zambulle en un universo diplomático donde se tejen finas intrigas que requieren atención, ojos abiertos, cuidado. El nuevo orden mundial se presenta como una oportunidad, un limpio porvenir, pero esconde un monstruo tremendo que poco a poco irá ganando fuerza. El giro definitivo de la novela, que recién se descubre en los últimos capítulos nos permite cerrar la historia, aunque las preguntas no se acaben nunca. Queda flotando aquí la invitación a que se animen a apuntarse a este viaje histórico y literario.
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| La obra de Pilar Tena destaca por el manejo preciso de la atmósfera |












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