| Foto: store.nintendo.es |
Cuando vi el primer tráiler, el flechazo fue instantáneo: ¡un Animal Crossing de Pokémon! Luego del segundo, también me ilusionó que tuviera una mecánica similar a Dragon Quest Builders. Pero me estaba apresurando a juzgarlo: Pokémon Pokopia tiene una personalidad absolutamente definida, que se aprecia desde el prólogo mismo.
Este juego exclusivo para la Nintendo Switch 2 nos pone en la piel de un Ditto, un Pokémon de la primera generación capaz de transformarse en cualquier otro, con la misión de reconstruir el mundo mismo, a la vez que descubrimos por qué han desaparecido todos, los demás Pokémon y los humanos.
¿Quién es Ditto?
Ditto no es sólo un as del mimetismo, sino que tiene la peculiar habilidad de aprender los movimientos especiales de los demás Pokémon. Poco a poco el juego nos dota de herramientas para dejar de ser un mero testigo de la desolación y convertirnos en un auténtico héroe capaz de revertir el propio fin del mundo.
Gracias a ponernos en la piel de un Pokémon, podemos conversar fluidamente con los demás. Esto distingue Pokopia de los juegos de la serie principal y los Leyendas, donde controlamos a una persona que se relaciona con ellos como si fueran mascotas.
Por otra parte, tener un avatar humanoide nos permite modificar su vestimenta y su cabello para ajustarlos a nuestras preferencias. Dado que esto se puede hacer desde el menú en cualquier momento y sin ningún coste, la experiencia se vuelve más variada en el largo plazo.
Ciclo de juego infinito
Nuestra aventura en Pokémon Pokopia comienza en un escenario realmente desolador. Nuestro único compañero es un peculiar Tangrowth que hace las veces de profesor sabelotodo. Con su ayuda, aprendemos los rudimentos para desenvolvernos en este misterioso páramo. ¿Dónde están todos? ¿Qué podemos hacer para dar nueva vida a estas tierras?
De acuerdo con el profesor, si reconstruimos el mundo, poco a poco regresarán los Pokémon y —su deseo más profundo— las personas. A falta de una segunda opinión, debemos ponernos manos a la obra, y las posibilidades son virtualmente infinitas: desde el terreno hasta los edificios, pasando por la vegetación, tenemos un control casi absoluto sobre el aspecto de la región.
El pilar fundamental de las mecánicas de este juego es su excelente sistema de reciclaje: una vez que entramos en sintonía con su ciclo de búsqueda de recursos y construcción, sentimos que nunca nos van a faltar los materiales que necesitamos.
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| Ditto aprende habilidades de los demás Pokémon. |
Los Pokémon y sus hábitats
Modificar el terreno puede satisfacer nuestras necesidades estéticas, pero tiene un propósito mucho más importante: descubrir y restaurar los hábitats de cada especie. Porque, así como los animales de nuestro planeta, estos fascinantes seres tienen necesidades muy específicas: algunos prefieren los desiertos, otros los bosques, etcétera.
Esto resulta esencial en Pokopia para aumentar la población, para formar una comunidad de lo más variopinta. Cada vez que aparece un nuevo Pokémon, se instala en su hábitat hasta que le ofrezcamos una alternativa mejor.
A su vez, los vecinos nos ayudan a avanzar en la historia y en nuestros emprendimientos edilicios, ya que cada especie tiene habilidades diferentes y complementarias con las de los demás, pero todas necesarias.
Para los amantes del orden y el registro de tareas superadas, Pokémon Pokopia nos ofrece tanto un Pokédex como un Hábitatdex, es decir listas de todas las especies y sus respectivos hábitats que vamos descubriendo, con un montón de información relevante para que no temamos olvidar ni un detalle.
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Mucho más que un simulador
Si bien a simple vista Pokopia es un simulador de vida, sus mecánicas de fabricación y construcción se complementan con una excelente historia propia del universo de Pokémon, repleta de sorpresas y huevos de Pascua que alegrarán a los fans.
Pero el disfrute no es exclusivo de los veteranos de la saga, ya que los cientos de Pokémon que GAME FREAK nos ha presentado desde 1996 tienen la capacidad de cautivarnos a todos por igual. Cada vez que me propongo dejar el mando los veo correteando, charlando entre ellos o simplemente durmiendo, y otra vez me atrapa este fascinante mundo donde —¡gracias videojuegos!— todo parece posible.









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