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«Fueron los ojos. Y podría haber sido otra cosa. El mar salvaje y sin orilla, subido al asfalto en cada ola, que nada más llegar me mojó los pies». El comienzo de cualquier libro es importante. Pero cuando esas primeras palabras son daga hundiéndose en nuestra sensibilidad, la lectura tiene todas las de ganar. Y es lo que ocurre en cuanto entramos a Punto de araña de Nerea Pallares (Libros del Asteroide). Una novela enigmática, fabulosa y tierna, que hace pie en la fuerza asombrosa de las palabras y copnstruye una alegoría preciosa sobre la comunicación y los vínculos afectivos. Una lectura que nos sacude, nos engancha y nos deja pensando en la trepidante capacidad del paisaje gallego para dejarnos flotando en sus atmósferas, incluso a quienes todavía no hemos pisado esa geografía y lo sentimos como un paisaje onírico imposible de poder concretarse en lo real. Una primera novela que viene a corroborar la fuerza salvaje de esta escritora que nos deslumbró con sus cuentos de Los ritos mudos (InLimbo Ediciones).
Contenido del artículo
El norte en la voz
La escritura de Nerea Pallares es conmovedora. Hay algo nuevo en su voz pero también una mirada tremendamente clásica a través de la cual consigue plantear interesantes preguntas sobre el presente. Punto de araña podría leerse como una alegoría de la comunicación, construida a partir de los hilos invisibles que unen a las personas en una comunidad, como los puntos consiguen que un tejido se mantenga firme. Nerea Pallares hace algo muy ingenioso con esto porque no sólo trabaja con preciosas metáforas entre el lenguaje y el tejido sino que convierte esa idea en la estructura narrativa del relato, donde la respiración, la vida interior y las tensiones sociales funcionan como puntos de amarre.
El duelo es el motor que une los corazones de las mujeres que protagonizan esta historia. Cuerpos atravesados por la violencia y la aridez de una vida entregada a la comunidad. Y la furia que intenta empujar de la tierra la ternura, los gestos de compasión, pero que también es la semilla de la comunión colectiva, de la lucha por la justicia. «Desde que maría ya no estaba, te era muy difícil seguir con cuerpo y con ganas, que era lo que tú habías tenido siempre pa todo, echada para delante como ninguna, bien lo sabía Dios». El detonante de esta novela es esa desaparición, la vida rota de una madre y la rabia de una comunidad de mujeres hartas que hacen de su labor un método de venganza contra la violencia del sistema. La forma en la que Pallares trabaja estos elementos me parece verdaderamente fabulosa.
Las palilleiras tienen la palabra
La historia nos lleva a la Costa da Morte, donde una joven llamada Ari llega a Camariñas para emplearse en el museo del encaje. Ya desde aquí opera la perspectiva en nuestra entrada en el relato. Desde su naturaleza de externa, Ari nos acerca a la mirada interna de la comunidad, como ella transitamos la evolución de la experiencia: desde la indiferencia al asombro, y el relato plasma esa transformación en la mirada y el impacto que en la joven tiene su relación con las mujeres del lugar. «No sabía nada de aquel pueblo, pero lo cierto es que en mi primer mes allí yo ya lo sentía propio». Esta es la forma en que Camariñas cala en el alma de Ari y la empuja a involucrarse en una lucha justiciera sin antecedentes. A través de esta criatura ajena que se vuelve propia, Pallares nos acerca la vida de palilleiras, rederas y mariscadoras y nos introduce en el pueblo. Y nosotras, extrañas y lugareñas, entendemos, cuidamos, escuchamos y reivindicamos con la autora el papel incuestionable de estas mujeres (que son todas las mujeres) en el tejido social.
Pallares podría haberse decantado por una historia enmarcada en el realismo social y habría tenido una buena novela, pero decidió darle una vuelta, otorgándole al relato una dimensión todavía más potente. Así, la novela se desvía hacia lo mítico, hacia una forma de realismo mágico, que es el engranaje cultural de su tierra donde lo sobrenatural convive con la crudeza del realismo. Pallares invoca a tres diosas ligadas al universo de las palilleiras y propone una nueva lógica para el relato: «Las arañas crecieron de la piedra». Un nuevo territorio donde lo mítico y lo real se cruzan y retroalimentan, intensificando así el extrañamiento y torciendo la frontera del realismo. El resultado es un rosario de imágenes impactantes que sostienen y hacen de la novela un decir verdadero. «En su forma humana las tres viejas tenían aún una expresión animal». Nos adentramos al corazón de una historia que late intensamente y que remite a todas las historias que han conformado nuestro alegato fantasioso de la literatura.
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| Una primera novela extraordinaria |
¿Quién habla para que nosotras escuchemos?
La novela se presenta como un gran tejido en el que intervienen distintas tejedoras. Todas tienen voz. Todas representan la visión de un colectivo. Pero cada una tiene una mirada propia que a veces desentona con la que tienen las demás. Pallares presenta una manera de pensar lo colectivo totalmente fragmentaria y diversa. Quienes hablan son mujeres de tres generaciones distintas, a quienes las une el deseo de luchar y rebelarse contra las injusticias, pero en esa proyección las formas difieren. Y esto queda plasmado en el discurso. Es, en ese sentido, una novela coral, de discurso inestable y tremendamente contemporáneo.
Escuchamos a estas mujeres, entendemos su rabia, apreciamos su risa, y vamos tejiendo a través de ellas una idea sobre la observación y poniendo en palabras las preguntas importantes: ¿qué es el dolor? ¿se puede sobrevivir sin la contensión de las otras? ¿qué significa el lenguaje cuando lo que tenemos para exteriorizar parece no caber en las palabras que tenemos? Todas estas inquietudes se van desgranando a través de estas historias y nos permiten adentrarnos en nuestra propia vida y nuestra idea de la identidad y de los vínculos. Queremos saber cómo viven esas mujeres y por qué, por qué, por qué. Escuchamos.
La primera novela de una escritora asombrosa
«Ella viene a recordar». Todo en este libro remite a la memoria y a los mecanismos de supervivencia, también a la forma en que un oficio puede ser territorio de lucha, «los palillos colgados a la entrada de todas las casas». Nerea Pallares ha escrito una novela que propone una forma nueva de pensar los vínculos y los lazos comunitarios. Lo ha hecho contándonos una historia inquietante pero también trabajando con acierto la trama, la deformación del lenguaje cuando quiere poner en palabras la fractura y haciendo de su escritura un telar en el que muchas voces se articulan al unísono.
Decía que la novela puede leerse como una exploración del tejido comunicativo social, por lo que las palabras están en el centro de su esencia. El trabajo de la prosa, tan delicado por momentos, tan abrasivo por otros, se ajusta al pensamiento de cada personaje y construye un mozaico de voces diversas donde el paisaje acapara gran parte de la atención, y es el que impulsa el hilo del discurso. Pero no como un marco que contiene las historias, sino como uno de los agentes decisivos de la trama. El paisaje es voz que entra y sale del relato y lo ordena y desestabiliza constantemente. La naturaleza aparece como una aliada feroz de la rebelión y es material de memoria, articulando el pasado y el futuro a través del presente. «Mira yo no sé si era lo que teníamos que hacer o no, pero lo hicimos». Lo hicimos. Esta novela viene a contagiarnos para ponernos en movimiento. A nadie dejará indiferente.
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| PUNTO DE ARAÑA. NEREA PALLARES. LIBROS DEL ASTEROIDE. 2026. |










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