Se acerca la Feria del Libro de Madrid y éstas podrían ser tus próximas lecturas.

10 libros sobre la percepción y la memoria


La feria y la lectura


Mañana comienza la Feria del Libro de Madrid y durante dos semanas tendremos la oportunidad de acercarnos para disfrutar de numerosas propuestas literarias. Además habrá una nueva edición de «Indómitas», un espacio dedicado a las editoriales independientes, que supone una gran oportunidad para conocer sellos menos visibles que hacen posible que la literatura se mantenga en pie. ¿Qué seríamos sin los buenos libros?

Antes de la conciencia de la literatura hubo un país de puro goce. Cuentos, poemas que pronunciamos en alta voz. Pero la conciencia trajo un fervor distinto. Aquella lectura decisiva, que nos permitió intuir en la literatura un territorio de felicidad plena, donde sentirnos a salvo, incluso en medio de la desolación.

En este mes de celebración del libro, en estos días de feria, deseamos compartir esta pasión por el lenguaje recomendando una serie de lecturas que potencian esa felicidad. Te presentamos un mapa de libros, autores y autoras que nos invitan a vivir la lectura como un camino de exploración, a través de la observación del mundo y la memoria. Y te contamos que tendrás la suerte de encontrarte con algunos de ellos en Madrid, te decimos cuándo y dónde.


Cartel de Feria del libro de Madrid en 2026



1. «Suma noche», de Blanca Morel (Godall Ediciones)


El nuevo poemario de Blanca Morel, Suma noche (Godall Ediciones) se presenta como un ejercicio lúdico que enfrenta palabra y realidad. Un experimento de oscuridad para intentar atrapar la luz, que siempre encuentra caminos asombrosos para filtrarse. Leemos: «una mujer da a luz un molinito/ su propia oscuridad». Desde el punto de partida, encontramos un libro que intenta borrar las fronteras entre el mundo conocido y el misterioso para construir una nueva manera de mirar.

En la articulación de los poemas, Morel elige pensar en la parte combativa de la luz. «La luz es una espada», escribe. A través de un trabajo fragmentario y disruptivo, atravesamos la inquietud y el asombro que la vida nos ofrece. Hay en ese empeño por tapar toda presencia de luz, por habitar las sombras y aprender a reconocerse en un espacio inasible, una intención magnífica: despertar a los sentidos que menos utilizamos. En un mundo ruidoso y en el que la imagen ocupa tanta importancia, me parece esta actitud un acierto brutal.

El segundo poemario de Blanca Morel viene a reafirmar las cualidades únicas y la ambición estética que ya notamos en Polvo, que nos permiten acercarnos a una obra de inmensa hondura reflexiva pero donde la pregunta siempre está en otro lado: el poema esconde su verdad. Aquí, el recurso que ha practicado Morel es el del corte, el tanteo, la ruptura en el hilo permite llegar a la raíz de la sombra, que es también el origen de la lucidez.

Los poemas se acompañan con un epílogo fabuloso de Emilia Conejo, cuyo hilo conductor es precisamente ese estado de indecisión y ambigüedad. «El tanteo es la creación artística. La tiniebla deslumbrante que se abre ante ti. Tu visión. La noche». Un poemario del que no se puede salir sin alguna marca interior.


Blanca Morel, «Suma noche»


2. «Metazoa. Presencias faunísticas», de Francisco Ferrer Lerín (Jekyll & Jill)


Cada nuevo libro de Francisco Ferrer Lerín es un misterio. Es un escritor que ha sabido hacer de lo extraño carne fundamental de su obra. Sus textos se leen con el asombro y la perplejidad de las lecturas complejas. En cada obra lo literario, lo científico y lo visionario se disputan de forma pareja el centro de la escritura. En Metazoa. Presencias faunísticas (Jekyll & Jill) encontramos una colección de textos breves, algunos de ellos inéditos, articulados desde una pregunta en torno a la naturaleza, algo que ya es seña de identidad.

La poética de este libro se puede leer desde el título. De alguna manera, en esa elección de nombre híbrido, donde numerosos distintos caben, el autor manifiesta un empeño de trabajar con lo diverso como campo de cultivo. Al mismo tiempo, podemos entenderlo como una defensa ocurrente de lo salvaje, en toda su forma. El carácter híbrido también podemos apreciarlo en la naturaleza de los textos: encontramos microrrelatos, aforismos, crónicas literarias y vitales y algunos fragmentos ensayísticos. Todo entra en este libro magnífico.

Uno de los aspectos más interesantes de la mirada de Ferrer Lerín es la observación a los demás animales entendiéndolos en su ser distinto, que diría Juan Ramón, sin humanizarlos. La carroña, la descomposición, la violencia que arrastra el ciclo de la vida, son algunas de las formas que atraviesan la mirada y que sirven como canales absolutos de conocimiento. Desde ahí, el autor se acerca a la frontera entre lo vivo y lo extinto, entre el silencio y el grito, entre la violencia y la ternura, y construye una serie de preguntas en torno a la historia y al carácter complejo de los vínculos humanos.

Como toda la obra del grandísimo Ferrer Lerín, este libro es inclasificable pero si nos viéramos presionadas a encorsetarlo podríamos decir que reúne lo mejor del relato contemporáneo, donde anécdota e indagación se funden, con una visión ética sobre la naturaleza y nuestra relación con ella, y una sensibilidad que tira de la ironía y los desvíos para incentivar en nosotros una forma de percepción poética, libre, rebelde. No nos deja indiferentes, como corresponde a un autor que ha labrado una huella literaria sin parangón.


«Metazoa. Presencias faunísticas», de Francisco Ferrer Lerín (Jekyll & Jill)


3. «Los clavos de Ovidio miran las estrellas», de Alicia Louzao (Piezas azules)


La poesía de Alicia Louzao se construye de repeticiones y del azar objetivo. En un mismo poema cabe el mundo íntimo y la experiencia colectiva, el deseo y la brutalidad del mundo. En Los clavos de Ovidio miran las estrellas (Piezas azules) la inquietud poética enraíza en la inmortalidad pero se halla narrada desde el cuerpo. Y, en ese ejercicio, encuentro una asombrosa mirada sobre la realidad. «No es absurdo creer que la inmortalidad empezó en las estrellas», leemos. El universo, sus complejidades, su carácter inasible y la perplejidad con la que lo tocamos están en el centro de este libro, que hace pie en la obra de Homero pero construye nuevas y contemporáneas verdades.

Como en el libro de Morel, aquí la oscuridad también intenta colocarse en el centro, pero siempre la luz encuentra sus caminos. Esos puntos luminosos «con los ojos cerrados y toda la oscuridad allí fuera». Los poemas de Louzao nos invitan a imaginar que el lenguaje es nuestro cielo y nos llevan de la mano a través del asombro que producen las palabras y la sensibilidad de la comunicación. Miramos el cielo con el deseo de encontrar una certeza, pero al final, en el lenguaje tampoco podemos confiar.

La cosmogonía del lenguaje podría ser el gran tema de este poemario exquisito donde toda palabra traduce de alguna forma un dibujo celestial y nos acerca al nicho cultural que nos acoge. Creo que podría ser una forma extraordinaria de entrar en la obra de Louzao que es, a mi modo de ver, una de las poetas más interesantes, únicas y sensibles de la poesía española contemporánea. El 5 de junio estará firmando ejemplares de sus libros en la Feria del libro de Madrid. A las 19.00 en la caseta 367, del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua.


«Los clavos de Ovidio miran las estrellas», de Alicia Louzao (Piezas azules)


4. «Fallo del sistema», de Roberto Osa (Coleman)


La memoria de un tiempo tremendo. Este podría ser el subtítulo de Fallo de sistema de Roberto Osa (Coleman). Un libro que hace pie en una tradición donde la literatura sirve para pensar la enfermedad y la fractura, una ola de textos que dialogan con la precariedad que puso en evidencia la pandemia. Desde una perspectiva afectiva y política, Roberto Osa, elabora un texto lleno de memoria, de debilidad y también de brillo. Creo que representa con bastante acierto la naturaleza del tiempo que vivimos.

Desde el propio título, el autor nos advierte que va a hundirse en la raíz de la estructura social para intentar entender la desesperación que fue tan característica en aquel tiempo tremendo. Pero, a diferencia de la primera impresión que podemos tener al acercarnos al libro, la atención no está tanto en la forma en que el sistema se desploma sino en la iluminación que produce el conocimiento de una verdad soterrada: el relato que nos sostiene como sociedad se evapora, porque nuestras certezas no tienen solidez.

Para sostener esta inestabilidad estructural, Roberto Osa se decanta por una apuesta formal contundente: toda la narración se construye de fragmentos, de notas y de un tono que va de la anécdota íntima a la crónica social y que construye una visión global de una época específica, desde la forma en que la enfermedad y la desesperación atraviesan el cuerpo. ¿Qué nos sostiene cuando el cuerpo parece dispuesto a descomponerse? Esta podría ser la gran pregunta que articula todo el relato.

Sin lugar a dudas es una lectura que nos permite no sólo indagar en la transformación particular que ha supuesto para nosotros la Pandemia sino también, a nivel más general, preguntarnos por las derivas que imponen la enfermedad y el miedo en el tejido social. ¿Cómo respondemos como sociedad cuando la realidad se pone patas para arriba? Una reflexión inquietante pero tremendamente necesaria, a la que no le falta esperanza y que aparenta ser un estudio cuidadoso de los mecanismos de unión y fractura social.


«Fallo del sistema», de Roberto Osa (Coleman)


5. «Luna negra», de Gabriel Bertotti (Sloper)


Al leer Luna negra, de Gabriel Bertotti (Editorial Sloper) me interesó especialmente una forma particular de representar el mundo: no como mero paisaje que sostiene el ir y venir de los personajes, sino como una manera de plasmar el desequilibrio y la inestabilidad que todos ellos comparten, y ejerciendo así de pegamento entre trama, intensidad y emoción. Podríamos decir que los personajes no habitan el escenario, son arrastrados por una pulsión narrativa que los envuelve y los lleva a una deriva insospechada. Ahí está el gran acierto de esta novela.

La trama tejida con precisión y un ingrediente potente de intriga (o inquietud), en realidad, no es tan relevante como lo que corre de fondo en las venas de este libro. Una reflexión sobre los espejismos. Lo que nos hemos acostumbrado a aceptar como real, y lo frágil que resulta esta idea enfrentados a los golpes sorpresivos de la vida. Este trabajo delicado se plasma en una construcción visual acertada, donde cada personaje propone una mirada, una capa, una visión distinta del mismo mundo que comparten. A su vez, cada personaje se mueve entre capas, y la novela nos lleva desde escenas sumamente realistas a otras que parecen combinar cierto onirismo o que tienen un ingrediente imaginativo preponderante.

Y en el centro Buenos Aires. Ya desde la primera escena, cuando desde el avión Eva expresa: «Buenos Aires visto desde arriba es tal cual me lo había imaginado». A partir de ahí, Bertotti desplegará su oficio certero para pintar la ciudad. Y aquí hay un rasgo interesante: no sólo es un espacio geográfico, también es una representación del mundo, donde aparecen personajes marginados que atraerán la sinergia del relato y se apropiarán de él. Mono y Gato funcionarán así de pegamento o puntos de unión entre el espacio físico y el metafísico, entre la realidad y el sueño, entre la geografía y la visión. Personajes que podrían estar ahí como representación concreta de lo político.

El juego se va expandiendo y alcanza la literatura. La intertextualidad es otro de los elementos a destacar y permite hacerse preguntas sobre la manera de narrar y la sostenibilidad de los modelos clásicos narrativos. Entre el orden y el caos, entre la linealidad y los saltos imprevistos, es una novela que parece evidenciar la propia escritura como una forma comprometida de estar en el mundo. También se nota en la radicalidad del lenguaje, en su tendencia a los desvíos y la adjetivación cuidadosa. Y todo ello tiene un broche de oro intimista: una pregunta sobre el duelo, sobre los lazos tremendos que unen y destruyen, sobre el amor y la desesperación. Luna negra es una novela que promete el temblor y lo sostiene.


 «Luna negra», de Gabriel Bertotti (Sloper)


6. «Personaje secundario», de Sofía Balbuena (Páginas de Espuma)


Personaje secundario es el libro con el que Sofía Balbuena ganó el Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve, que acaba de publicar Páginas de Espuma. Un cuentario que se suma a una literatura argentina del instante, en la línea de autoras como Samanta Schweblin o Clara Obligado, por la tendencia a un trabajo cuidadoso de elipsis y el realismo crudo del interior de los personajes.

Balbuena trabaja con personajes. Mujeres desesperadas en un mundo que las empuja al olvido. La maternidad, los lazos afectivos que tiran de la individualidad para intentar borrarla, la sensación de habitar el margen de la historia, como un personaje menor. Una reflexión que nos lanza a preguntarnos por qué las mujeres siguen trayendo criaturas a este mundo, ¿de dónde nace esa pulsión de crear vínculos férreos y cómo sostener eso con una vocación o una libertad deseada? Las preguntas que atraviesan a los personajes de Balbuena son las mismas que nos venimos haciendo las mujeres desde hace siglos. Y sin embargo, aquí estamos.

Hay, además, una inteligencia particular en la forma en que Balbuena trabaja la idea de lo secundario, como una perspectiva existencial. Sus personajes se sienten desplazados de sus propias vidas, por decisiones propias, por las dinámicas y mandatos sociales. Lo percibimos en el extrañamiento que parecen sentir respecto a su propio deseo y su manera de vivir, siempre orbitando en las vidas de otras personas, permitiendo que esas otras realidades (que quizás les podrían resultar deseables) las hipnoticen y las mantengan en el borde del relato.

En el tratamiento formal es un libro que se inscribe en una forma específica de trabajar el lenguaje: lo concreto, la ausencia de adornos, la realidad cruda atravesando la lengua. Y diálogos asombrosos. Éste ha sido el rasgo que más me ha interesado del libro. Balbuena consigue captar la intención en un decir realista, cercano pero, al mismo tiempo, al servicio de la narración. Podría ser una interesante lectura si estás deseando conocer una voz que se suma a una tradición literaria que ha sabido trabajar con acierto la economía del lenguaje y el realismo, sin olvidarse del ingrediente mágico de la imaginación.


«Personaje secundario», de Sofía Balbuena (Páginas de Espuma)


7. «Después del ruido», de Jacinto Arias (Pretextos)


Una novela histórica que sirve para pensar nuestro mundo. Después del ruido de Jacinto Arias, ha conquistado el II Premio de Novela Fundación Mediterráneo que publica la editorial Pre-textos. El eje concéntrico del relato es el regreso de una familia al pueblo del que tuvieron que marcharse durante la Guerra Civil Española. Pero ésta es una mera excusa para hablarnos de otras cosas: como la pérdida, la inestabilidad, el desapego.

Cuando la familia vuelve a la casa descubren que ha sido saqueada. Ver sus bienes, sus recuerdos materiales aplastados contra el suelo, supone una experiencia con semilla de trauma. Esta imagen le sirve a Arias para reflexionar sobre las maneras en que se puede destruir el legado material y cultural de un pueblo. Asimismo, en ese regreso hay una interesante reflexión sobre las maneras en las que opera el paso del tiempo sobre la mirada.

La pérdida material conduce a un problema de identidad, de confianza y de continuidad histórica. El paso de la violencia sobre la vida familiar pone en riesgo la idea de futuro que tienen. Y aquí el autor hace algo verdaderamente interesante: desde el planteo íntimo interviene en la tradición de la microhistoria narrativa para explorar el comportamiento humano desde lo pequeño. Esto le permite trasladarse desde el contexto histórico a la dimensión doméstica, mostrando que la violencia continúa operando bajo nuevas formas, y explorando preguntas contemporáneas a través de este relato de posguerra.

El propio título funciona como un símbolo de lo que aparece cuando una situación explota. En este punto surgen preguntas respecto al después, a lo que ocurre cuando el gran acontecimiento ya ha tenido lugar, y también podría ser, para preguntarse qué ruido es el que está actuando en este momento sobre nuestra realidad y cómo aplacarlo. Jacinto Arias estará el sábado 30 de mayo a las 12.00 en la caseta 208, de la editorial Pre-textos.


«Después del ruido», de Jacinto Arias (Pretextos)


8. «Exilio» de Clara Obligado y Agustín Comotto (Páginas de Espuma)


Pensar el viaje. Las razones del viaje. La transformación que produce. En Exilio, de Clara Obligado y Agustín Comotto (Páginas de Espuma) tenemos una indagación profunda por esta experiencia. El punto de partida es el golpe cívico-militar en Argentina de 1976 y el desplazamiento forzado que llevó a la autora a España. Sin embargo, el relato no se centra en el pasado, sino en las posibilidades. La autora explora diversas vidas posibles y trabaja desde el presente para reflexionar sobre las formas en que la violencia puede destruir los corazones.

El pensamiento del exilio tiene su cuota de herida pero también se establece como una forma de vida, que tiene como objetivo reordenar la vida, el lenguaje y la percepción del tiempo. Hay en ese sentido un juego del lenguaje muy interesante: fragmentos intimistas se mezclan con ideas más ensayísticas y, gracias a las ilustraciones de Comotto, adquieren verdadera intensidad. La conversación que se establece entre texto e imagen es verdaderamente interesante, proponiendo ciertas preguntas importantes para pensar la vida y la relación con los demás.

En cuanto a ese último aspecto hay numerosas escenas que nos hacen pensar en la transformación de los vínculos a través de esta experiencia. Porque Obligado no plantea el exilio únicamente como una experiencia personal o individual, sino como algo que atraviesa a toda una sociedad. Por esta razón, quizás, ha elegido trabajar con diversas voces y pensar no sólo en el exilio como movilización geográfica sino también en el insilio, en esa forma de huir de la violencia alejándose de todo, marginándose dentro del propio país.

Tenemos aquí un libro que propone una revisión de la memoria personal e histórica y que nos invita a pensar en la luz detrás de todas las experiencias desesperantes por las que nos ha tocado pasar. Los autores estarán firmando este libro en la caseta 153, de Páginas de Espuma, el 6 de junio a las 12.00. Podría ser una hermosa oportunidad para conocerlos en persona.


«Exilio» de Clara Obligado y Agustín Comotto (Páginas de Espuma)


9. «Escaparate», de Iñaki Gómez Álvarez (Páginas de Espuma)


Escaparate, de Iñaki Gómez Álvarez (Páginas de Espuma), es el libro que ha ganado este año el Premio Málaga de Ensayo. Una reflexión sobre la percepción a través de la historia de los escaparates. El autor parte desde este objeto aparentemente menor y construye una interesante pregunta en torno a la modernidad, la pedagogía y las formas modernas que adopta la percepción.

No le interesa a Gómez Álvarez el escaparate como vitrina comercial sino como herramienta cultural, en cuanto a que se trata de un espacio que ha servido para educar nuestra mirada sobre el mundo. A través de ella se organiza el deseo, se normalizan los cuerpos, se plantean las reglas de la relación entre individuo y ciudad. Es un objeto determinante para cultivar el espíritu o la identidad de las ciudades, y genera una serie de relaciones específicas en el consumo, la educación y la forma de ocupar el espacio público.

El ensayo parte de la manera en que nuestra relación con la observación ha ido cambiando y ha sido domesticada por la sociedad. Desde finales del siglo XIX hasta el presente, con un agravante importante determinado por las pantallas. En este viaje, las formas de exhibición y acercamiento al mundo han ido cambiando y el imaginario colectivo se ha ido transformando en ese movimiento. Asimismo, el autor juega con la figura del paseante, ese concepto tan bien planteado por Walter Benjamin, para pensar en nuestra manera de pasar por la ciudad, de aprender de lo que vemos. Antes ese aprendizaje dependía de los escaparates de las tiendas, ahora se desarrolla en la intimidad, a través de las pantallas.

En definitiva, el ensayo permite analizar la transformación de las relaciones sociales pero no es para nada un discurso melancólico sino, por el contrario, establece preguntas para pensar en las nuevas formas de sensibilidad y observación que se desarrollan en el presente a través de herramientas como las redes sociales y los aparatos electrónicos, que funcionarían como los escaparates del mundo contemporáneo. Ese ejercicio de pensamiento está plasmado, además con un tono cercano y poco académico, lo que vuelve accesible su lectura. Una lectura interesante para pensar nuestra realidad.


«Escaparate», de Iñaki Gómez Álvarez (Páginas de Espuma)


10. «Mientras quede una rosa», de Javier Morales (Cuatro lunas)


Javier Morales se aferra a la figura de John Berger y construye en Mientras quede una rosa (Cuatro lunas) un hermoso paseo a través de su obra y su sensibilidad. Morales se interesa por una forma específica de mirar, su conmoción al acercarse a la obra del escritor estadounidense y la manera en que sus libros le fueron marcando a lo largo de la vida. Reconstruye esta relación literaria a través de un libro que se inclina por el discurso híbrido y que propone una reflexión sobre la cultura, el viaje, la autobiografía y la memoria.

El gran objetivo del libro es seguir los pasos de Berger a través de su relación con España: sus vínculos con artistas, escritores y cineastas y su manera de dejar influir por el paisaje. Podríamos pensar el libro como una biografía, pero nos quedaríamos cortos, porque hay una intención que excede los límites del personaje, un deseo de aprovechar la biografía como excusa para hablar de otras cosas: la decadencia de una época, los problemas medioambientales, la pérdida de sentido, la precarización y la caída de todos los relatos en los que creíamos.

Quien haya leído antes a Morales sabrá que Berger es uno de esos autores a los que menciona a menuda, un referente al que se ha ido aferrando y al que ha conocido en profundidad, dejando que cierta visión del mundo se le pegara. Comparte con él el deseo de pensar en el mundo de la infancia y rescatar el entusiasmo por lo que está por venir, una manera de entender el duelo, una preocupación concreta por el deterioro de los ecosistemas y un compromiso político y literario que está por encima incluso de la propia escritura.

Su nuevo ensayo dialoga con una forma de pensar la tradición ensayística más cerca de la divulgación que de las formalidades académicas, y creo que eso es importante. Porque esta perspectiva invita a equivocarse, a plantear preguntas más que respuestas, a combatir las formas cerradas de pensamiento, a desalinearse de toda ideología concreta y buscar en la palabra una forma de pensar y formar parte del mundo. En este caso concreto esto se puede ver con claridad en la combinación de anécdotas íntimas y domésticas con otras más reflexivas, que eso también tiene mucho que ver con el propio Berger.

Un libro que propone otra forma de mirar y leer. Una lectura que, estoy segura, nos llevará a todos de cabeza a la lectura o relectura de la obra del escritor británico. Javier Morales estará firmando ejemplares de este ensayo en la Feria del Libro de Madrid el 10 de junio, a las 18.00, en la caseta 158, de la Librería Alberti.


«Mientras quede una rosa», de Javier Morales (Cuatro lunas)