«Ser mayor», de Iñaki Valencia (Salamanquesa ediciones)

Una historia íntima para pensar la identidad.

Portada de «Ser mayor» de Iñaki Valencia (Salamanquesa ediciones)

Hay preguntas que nos acompañan a lo largo de toda la vida, inquietudes a las que volvemos con cierta insistencia y que se proyectan sobre nuestra escritura. La literatura, en ese sentido, funciona como un proyecto de campo que se realiza a pie de entraña en la mismísima vida. A veces, necesita de cierta distancia y engalanamiento hasta distanciarse de quien escribe, otras veces mantiene su correspondencia directa con la experiencia vital; pero en otros casos, como ocurre en la primera novela del escritor Iñaki Valencia —Ser mayor (Salamanquesa ediciones)—, hay un manejo audaz del estilo para que resulte difícil asumir una única perspectiva de lectura. Aquí el uso de la segunda persona le permite al autor presentarnos una obra que puede leerse como una autobiografía literaria o una novela de ficción autobiográfica. Una obra que permite asumir la literatura como un especie de redención y búsqueda personal pero también como un espacio de reflexión sobre la universalidad de la memoria.



Un viaje al pasado desde la ficción


Ser mayor nos presenta una historia sobre la fuerza de la memoria a la hora de plantear caminos de salvación. La vida del protagonista se ve interrumpida por el fallecimiento de la madre y este duelo lo llevará a hacerse numerosas preguntas ontológicas y vitales: ¿Quién soy? ¿Quién es mi padre? ¿Qué tengo en común con él? Una pérdida que lleva a otras y que obliga a la remembranza. Partiendo de esta herida tremenda, el libro se va articulando en el repaso de experiencias que han servido para asentar la identidad del personaje. Un viaje cuyo origen podría ser la primera mudanza que debió experimentar, abandonando un lugar de felicidad para aterrizar en otro menos colorido. Leemos: «Aquella mudanza supuso la pérdida definitiva de tu infancia».

En este viaje de reconstrucción el protagonista descubre que la imagen de su padre aparece constantemente, incluso en aquellos momentos vitales en los que ha brillado por su ausencia. De este modo la tesis del libro, que sería una pregunta sobre lo que significa ser (y hacerse) mayor, toma una bifurcación y se vuelve algo más amplia que una mera reflexión sobre el paso del tiempo, el narrador se interna en su propia memoria y nos invita a reflexionar sobre el cambio de papeles y circunstancias a los que la vida nos empuja. En su caso, ve en su presente la proyección del pasado del padre, lo que supondrá también asumir un nuevo papel como hijo. En este trabajo tendrá que aceptar sus errores y mirar al padre como otro ser humano, bajándolo del pedestal y la idealización y rabia infantil. Un proceso que lo llevará también a analizar la herencia familiar para reconstruir su propia identidad, intentando salirse de los modelos recibidos.


Una pregunta sobre lo que significa ser (y hacerse) mayor


¿Novela o autobiografía literaria?


Uno de los primeros aciertos que podríamos destacar es el uso de la segunda persona, que amplía las posibilidades de la lectura y hace planear cierta ambigüedad sobre el registro estético del relato. Si bien lo primero que intuimos es que se trata de una autobiografía literaria, el uso del recurso señalado, desvía la atención y nos permite acercarnos a la lectura desde otro lugar, pensándola también como una novela. De este modo, esta narración dislocada, donde la voz se dirige a una segunda persona que podría ser el propio Iñaki, como si no estuviera el autor relacionado con el personaje, provoca una distancia interesante y abre muchísimas preguntas.

Ser mayor puede leerse en línea con toda una tradición literaria donde las experiencias familiares funcionan como espacios de exploración identitaria. Estoy pensando en Léxico familiar, de Natalia Ginzburg, o la saga tremenda de Karl Ove Knausgård. Libros donde la escritura autobiográfica ha permitido a los autores acercarse a la historia de su grupo para descubrir su propia singularidad y preguntarse por la evolución de su propia identidad. Al igual que en esos ejemplos, Ser mayor tira de los recuerdos no sólo para establecer la línea cronológica de la vida individual de su autor sino para volver a esos hitos de la historia personal desde una conciencia distinta, para ver a través de ellos rasgos comunes y significados que antes pasaron desapercibidos y que permiten comprender alguna peculiaridad del comportamiento humano. Estos libros comparten otro rasgo importante: esa revisión histórica nos invita a ver a los protagonistas como criaturas heridas y no como héroes. En este caso, el narrador intenta encontrar su lugar en el mundo respondiendo a esta inquietud: ¿qué experiencias familiares han influido en mi formación y qué significa convertirse en hombre dentro de esas estructuras familiares y sociales específicas?

Si pensamos en características como la reconstrucción retrospectiva de la propia experiencia, los acontecimientos familiares como ejes de la trama, la transformación de ciertas experiencias en estructura literaria y la memoria como mecanismo de exploración, intuimos que estamos frente a una autobiografía; sin embargo, como ya dijimos, el uso de la segunda persona provoca extrañeza en la identificación de género, porque nos permite asimilar el relato como si fuera mera invensión, una novela con tintes autobiográficos, podríamos decir. Y es que un detalle como este abre notablemente el sentido de la lectura y nos lleva a vivir intensamente en el relato. Al final, el valor del texto no es que cuente la vida del autor sino que consiga plantear ciertas experiencias autobiográficas como puntos de partida para reflexionar sobre asuntos universales, permitiendo una investigación sobre la forma en que se construye la identidad.

Nos gustaría hacer hincapié en que la memoria autobiográfica no aparece como un ejercicio de nostalgia sino más bien como un camino de investigación y conocimiento. Escribir sobre el pasado permite modificar la relación con él y ofrece la posibilidad de imaginarse «otro». En este viaje, el reconocimiento del pasado permite defender una nueva mirada para desprenderse de ese otro que ha quedado paralizado en algún rincón de la memoria, y conseguir sanar finalmente. Ésta, creo, es una de las ideas que intenta plasmar el autor con precisión.


Portada de «Ser mayor» de Iñaki Valencia (Salamanquesa ediciones)
Una novela que revisa la pérdida y su forma de influir en la identidad


La anécdota ampliada


Es un gran acierto la forma en la que Iñaki Valencia estructura la obra. Sin salirse de las pequeñas anécdotas domésticas y cotidianas, afronta una pregunta sobre lo que supone crecer, abandonar el cascarón de la inocencia o la absolución, para volverse responsable de sus propios actos. Las historias y anécdotas íntimas van articulando el relato, pasando de situaciones que desbordan la alegría y el entusiasmo infantil, a otras más dolorosas y teñidas por el ogro de la pérdida. A través de ellas vamos descubriendo la identidad de esa voz escondida y comprendiendo el viaje que lo ha llevado al punto exacto en el que lo encontramos. Muchos acontecimientos se narran con la fórmula «Aquella vez...» y resulta muy interesante este uso porque por un lado da cierto grado de intimidad y complicidad pero, al mismo tiempo, imprime cierta solidez literaria que se ve reflejada en frases como «Aquella vez que desaparecisteis tu hermano y tú».

Volvemos ahora a la peculiaridad formal de la obra, donde el dislocamiento ocupa un papel central y construye una paradoja interesante. En la forma en la que se van desgranando las anécdotas y experiencias, el narrador se habla a sí mismo como si se tratase de otra persona, en esa segunda persona tan cercana e íntima; parece un mecanismo hábil para intentar hacernos entrar en el corazón del daño sin llegar a rozarlo del todo y, al mismo tiempo, para meterse él mismo en la memoria dolorosa sin reproducir del todo la cicatriz causada por esas experiencias. De este modo, consigue mirarse, comprenderse y hacerse mayor, observándose desde otro lugar, aprovechando lo que le ofrece la distancia gramatical. Esta parece ser, además, la única forma que encuentra de acercarse a su padre y al niño que él mismo fue sin la rabia, convirtiéndolos en dos extraños que en la trama deberán conocerse y reconocerse.

Resulta interesante pensar que, más allá de todo, la experiencia personal resulta ser una excusa para hablar de cosas más universales: como la forma en que ciertos duelos nos marcan para siempre o la conformación de la identidad; así, la memoria familiar funciona como una herramienta de búsqueda personal y universal. Volver al pasado no significa reproducirlo, sino interrogarlo desde el presente, y ponerlo a conversar con otras historias, ampliarlo, volverlo materia en el propio presente.


En «Ser mayor» la experiencia personal resulta ser una excusa para hablar de asuntos más universales


El duelo que obliga a la remembranza


Uno de los aspectos que más me gustaría resaltar es el uso del duelo de la madre como punto de amarre y disparador de una trama que se adentra en los motivos de la supervivencia. La pérdida funciona como un umbral que catapulta la memoria del protagonista hacia el futuro, llevándolo inmediatamente al pasado. Este duelo supone la desaparición de una figura fundamental para vertebral la historia familiar y el relato colectivo y, a partir de él, el protagonista se ve empujado a resolver cuál es su lugar ahora en el grupo. Una reubicación que supondrá repensar la relación con su padre. En ese sentido el título es maravilloso porque permite pensar la maduración desde dos perspectivas: por un lado, lo primero que asimilamos, es decir, qué supone envejecer; lo segundo, la idea de que alcanzar una determinada edad no asegura haber superado determinadas situaciones dolorosas.

Ser mayor, en definitiva, es una novela sobre lo que el duelo viene a romper y la luz que puede abarcar en su herida tremenda. La forma en que debe reconfigurarse la familia, la identidad y la memoria. Este autor que se ha formado en el teatro, ejerciendo de actor y director en diversos proyectos, deja que esa fabulosa herencia se pose sobre su novela a través de escenas luminosas y detalladas, gestos diminutos que acaparan nuestra atención y una historia que está constantemente en movimiento. A través de pequeños giros, el protagonista conseguirá entender y asimilar la herencia de su padre. «Después de unos días intensos, por fin has dado a luz, has parido, has parido a tu padre», leemos.

Tengo la sensación de que Ser mayor nos propone pensar la madurez como un proceso de enriquecimiento y evolución personal en el que el individuo se desprende de los mecanismos heredados y se apropia de una forma nueva de entender la vida, un trabajo que lo lleva a reubicar los deseos, el amor y repensar las relaciones interpersonales. En este caso concreto, el duelo por la muerte de la madre abre una nueva puerta en la vida del personaje: la posibilidad de reencontrarse con su padre, mirándolo de nuevo (y por primera vez) y tratando de reconocerlo con sinceridad, a medida que entiende qué significa ser mayor. Sin lugar a dudas, una novela que dará mucho de qué hablar y que nos permite reflexionar sobre los límites de la memoria y de la ficción.


Portada de «Ser mayor» de Iñaki Valencia (Salamanquesa ediciones)
SER MAYOR. IÑAKI VALENCIA. SALAMANQUESA EDICIONES. 2026

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