Juan Ramón Jiménez en «Lunes de Poesía»

Un poema de Juan Ramón Jiménez en nuestro «Lunes de Poesía».




Ciertos poetas tienen la habilidad de tocar en nosotros la fibra más profunda. Cuando eso sucede, nuestra relación con ellos y con la poesía cambia para siempre. Cuando eso sucede, cada vez que pensemos en esos autores, en sus palabras, en su universo poético, algo se moverá en nuestro interior. Una especie de monstruo que duerme, y cada tanto experimenta pequeños espasmos. Esos autores, o ese tipo de relaciones, no serían tan importantes si no fueran las responsables de insuflar en nosotros el deseo de escribir.

En nuestro «Lunes de Poesía» vamos presentando autores y autoras, poemas y fragmentos que tienen la fuerza de ese tipo de obras y que han cautivado a miles de lectores y lectoras y han conseguido mantener viva la llama de la pasión poética. Sin lugar a dudas pensar en Juan Ramón Jiménez, y en este poema en particular,La mano contra la luz, es absolutamente apropiado para iluminar este planteamiento. Releerlo es un poco volver al origen, al nacimiento del Monstruo, al deseo de que palabra y emoción sean realmente una sola cosa.




Seguramente hay dos grandes temas en la obra juanramoniana: la muerte y la espiritualidad, y los vínculos profundos que se tejen entre estas dos tensiones. En este poema, ambos florecen. La mortalidad como un espacio de fisura, de pérdida absoluta, y el afán de conocer, de volar, de absorber los límites del mundo y su contorno.

Somos frágiles, sensibles a la luz y capaces de rompernos fácilmente. Esta es una de las certezas maravillosas de este poema: lo humano frente a lo desconocido, donde ningún aparejamiento puede salvarnos del crujido. Y sin embargo, ahí está el deseo de asirse a la chispa de luz, eso tan propio de la poesía de Jiménez, eso tan vivo, tan inmaterial e infinito. La escritura tan frágil que puede romperse, y sin embargo, vamos a por ella con ahínco, por ese instante de luz.

La forma en la que Jiménez fue capaz de captar los límites entre cuerpo y espíritu, que es carne y poesía en su caso, es de lo más extraordinario. Es imposible leerlo y rechazar el deseo de escribir, de volver a la infancia desde la nostaljia del presente. Pero ningún texto sirve para explicar el fondo de aquel animal, así que, mejor, vamos con el poema.

La mano contra la luz

No somos más que un débil saco
de sangre y huesos,
y un alfiler, verdad, puede matarnos;
pero corre en nosotros la semilla
que puede dejar fuera de nosotros
la mariposa única,
de luz sólo y de sombra sólo y sólo nuestras,
sin piel, red ni armadura,
ni posibilidad de ser cazada
por nada humano ni divino;
el ser invulnerable,
inmaterial, tan largo como el mundo,
que colma, libre, lo infinito
y se sale de él a lo imposible.

[La mano contra la luz. Juan Ramón Jiménez. Animal de fondo, 1949]

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