Algunas razones para leer «Ventajas de viajar en tren», de Antonio Orejudo

Te invitamos a leer la novela «Ventajas de viajar en tren», antes del estreno de la película dirigida por Aritz Moreno.




«¿Le apetece que le cuente mi vida?». Así comienza Ventajas de viajar en tren, de Antonio Orejudo, una novela maravillosa que trabaja justo en ese precipicio que se levanta entre literatura y realidad. En ella, Orejudo combina elementos de fantasía y de teoría psicológica, y nos divierte con sus tramas casi descabelladas, impulsándonos al mismo tiempo a pensar en los mecanismos que se ponen en marcha cada vez que leemos y cada vez que intercambiamos algo con los demás seres humanos.

Helga Pato es la interlocutora de Martín Urales, que es el que formula esa pregunta. ¿Qué responder a esa pregunta? Lo cierto es que a ella no le queda otra alternativa que prestarle atención. Son vecinos de asiento en el vagón de un tren que atraviesa paisajes y provincias; es decir tienen muchas horas por delante y no habría sido cómodo transcurrirlas disgustados. Y aunque lo hace con cierta reticencia, pronto es seducida completamente por él y comienzan a interactuar con absoluta fluidez. Todo viaje largo supone una oportunidad de encuentro, y este encuentro fortuito dará lugar a una larga conversación que tendrá un giro inesperado. No desvelaré nada, tranquilos.

La historia, entonces, comienza razonablemente bien, para tratarse de una novela de Antonio Orejudo. Pero pronto se desbarajusta, cuanto entra en acción una carpeta misteriosa. Las páginas de una historia ordenada se dispersan y lo que podría ser un simple relato casi anecdótico se convierte en un concierto a varias voces donde las diversas cuerdas se interrumpen para hacerse con el protagonismo. Por suerte, aquí el regisseur es sumamente hábil y consigue que en ningún momento nos vayamos de tema o perdamos el interés por lo que tiene lugar sobre el escenario. Pero habría que detenerse en ese comienzo, puesto que en la forma en la que Helga es seducida y la propia abducción que experimentamos nosotros al zambullirnos en esta novela, tenemos una maravillosa metáfora sobre el poder de la lectura.

«La personalidad no es otra cosa que lo que cuentan de alguien». Don Martín Urales, como buen profesional del ramo (es psiquiatra) cree haber entendido bastante bien de qué estamos hechos y qué se puede esperar de nosotros: criaturas predecibles amasadas con educación. Siguiendo con esa idea entre lo vital y lo literario, Orejudo va siempre un poco más allá de la narración propiamente dicha e interrumpe el hilo del pensamiento de los personajes con preguntas que están siempre rondando su literatura. Aquí tiene una gran relevancia la relevancia de la lectura y la escritura a la hora de identificarnos, de definirnos como personas. «Lo que hacemos, lo que sentimos, lo que experimentamos es simplemente un impulso electromecánico que sólo adquiere sentido cuando lo contamos». Si lo que somos es lo que narramos, lo que hemos aprendido a contar de nosotros, entonces ¿todo es un relato, y nosotros mismos somos puro cuento? En esa línea tenemos muchísimas reflexiones, que se estiran hasta tocar otra serie de ideas relevantes en la obra de Orejudo, como la fuerza de la veracidad y el peso de lo aprendido, tanto en lo que respecta al oficio como a la vida.

El problema de Martín Urales Úbeda tiene nombre. Se llama delirio de suplantación o de simpatía, un tipo de deformación de la realidad y una forma retorcida de mirar a los demás, esperando de ellos nuestros peores temores. No se llama esquizofrenia porque presenta diferencias en términos anatómicos, aunque la deriva emocional no sea tan diferente. Orejudo se aferra a esta idea para trazar todo el relato. Urales ve fábula donde el resto de los mortales vemos un simple montón de basura. ¿Por qué no centrar en él un relato que se plantea como un viaje sin destino? Sinceramente, la forma en la que Antonio trabaja este personaje me parece fascinante. Nos va mostrando a cuenta gotas los cambios en su vida y en su relación con el mundo, y nos deja llenos de preguntas y deseos. ¡Una maravilla!


La búsqueda de veracidad en la descripción patológica es otro de los puntos fuertes de esta novela; donde descubrimos otra buena razón para leerla. La descripción de los síntomas es fantástica, pero lo más interesante sobre todo es el análisis de la escritura de textos elaborados por pacientes con diversos cuadros clínicos (coprofagia, autismo, depresión, trastorno paranoico de tipo semántico). Esto nos invita a pensar en torno a lo que subyace a la escritura y al desarrollo de distintos mecanismos comunicativos dependiendo las obsesiones y las diversas patologías. Aquí el cruce de realidad y fantasía se abre camino con contundencia.

Y por último, no quiero dejarme fuera lo más estremecedor del libro. Quizá el nido donde duermen los miedos que muchos de nosotros tenemos, y la razón por volcarnos con fervor al universo de los libros. ¿Dónde termina (y terminará) la realidad si un día nos perdemos? Tenemos aquí una reflexión brillante sobre la pérdida de las facultades biológicas y neurológicas vinculadas con el lenguaje y la comprensión de la realidad. Asimismo, en una línea paralela, Orejudo ofrece una pregunta sobre todos nuestros valores, y nuestro empeño por hacer algo productivo con estos cortos años, ¿qué nos quedará si todo esto se desvanece? Un tema sobre el que no hablamos lo suficiente y que me habría gustado que desarrollara un poco mas en esta maravillosa novela. Dejo este sublime extracto.

«¿Para qué llevar una vida de trabajo y honestidad intelectual? ¿Para qué consagrarse a la lectura y al estudio? ¿Para que luego una mala conexión neuronal pusiera en tela de juicio las cuatro cosas, verdaderas o falsas, en las que uno se había ido apoyando para avanzar a trompicones en esta selva de vida? Amar los libros, para que luego fueran los libros, precisamente los libros, quienes se convirtieran en los fieros enemigos, en los fantasmas malignos que lo iban a perseguir en sus noches de vigilia e insomnio»

Ventajas de viajar en tren es, en definitiva, una novela exquisita, en la que encontramos muchas historias entrelazadas que comparten raíz biológica y movimiento. Una novela que se parece a una gran obra musical, en lo que a disfrute y sucesión de emociones atañe. Una fábula que nos da la posibilidad de reflexionar sobre asuntos fundamentales, como todas las obras de este escritor humanista, y que se vive como un viaje fabuloso en el que se ven implicadas nuestra imaginación y nuestra pasión por la literatura. No se la pierda nadie, porque al final de lo que se trata no es sólo de viajar, sino de saber por qué viajamos; porque «si todo se quedara en ir o no ir a Toledo, la cosa no tendría importancia».

El 9 de noviembre se estrena la película homónima dirigida por Aritz Moreno, que nos coja confesadas, habiendo leído y releído esta maravillosa novela del maestro Antonio Orejudo.

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