«La radiante edad», de Antonio Báez Rodríguez (Talentura)

Una novela sobre el fin de la infancia, con un retrato generacional maravilloso.


«Dedicaría todo mi tiempo y mis esfuerzos a la escritura», dejó escrito Lev Tolstói. Escribir es quizá la forma perfecta de conversar en diferido con el futuro y el pasado, al mismo tiempo. Y en La radiante edad Antonio Báez Rodríguez (Talentura) se propone indagar en las razones de esa pulsión y sus beneficios, a través de un libro que puede leerse como una novela o un conjunto de relatos encadenados. Un libro intenso donde la memoria ocupa el eje, y la vida se abre camino a través de ella en un personaje que aspira a conocerse desde la palabra. Y he pensado en Tolstói y en la fuerza innegable de la escritura como espacio de encuentro con el afuera pero también como huella que trazamos mundo adentro. Una lectura que te recomiendo muchísimo.


Un libro intenso donde la memoria ocupa el eje.

Entre los aspectos más destacados de esta lectura habría que señalar una inquietante pregunta entre la distancia el mundo rural y el mundo de la ciudad, y las dificultades de adaptación que suponen pasar de un contexto a otro. Hay también un retrato de una Málaga que experimenta la superación de la crisis de la transición y se adentra en el mundo de las ideas y el mundo del progreso. El narrador busca revisar desde su propia experiencia el progreso en su familia, pero para ello debo llegar a la herida, al abandono, a la intemperie que todavía lo acompaña. Pero, dice, lo que quiere no es ofrecer un retrato de su tiempo, sino recordar. «Pero de lo que quiero escribir es de un recuerdo preciso que tengo de aquella época, en el que mezclo la realidad con una fantasía o con un sueño y que existe en mí desde que tengo conciencia de recordar». Ese trabajo con el material de la memoria mezclado con ficción y sueños es algo que Antonio Báez consigue de forma mágica y contundente. Y es uno de los mayores aciertos de este libro.

La memoria, como decía está en el centro de la narración. El personaje principal, que es narrador en primera persona, atraviesa el relato con sus recuerdos, y usa el lenguaje para acceder a etapas y experiencias de su propia vida que se aparecen difusas en su memoria. Es una lectura que nos permite muchísimas preguntas en torno a la forma en la que se desarrolla la construcción de la memoria, y el impacto que el deseo y lo soñado tiene sobre esa realidad recordada. «No sabía que me estaba fabricando un recuerdo», leemos. En ese sentido encuentro en esta narración muchísimas ideas interesantes, que pueden servirnos para pensar en nuestra propia forma de relacionarnos con la memoria.


Trabaja con el material de la memoria mezclado con ficción y sueños.

La radiante edad es un ejercicio de reflexión también en torno a la pérdida de la inocencia. No hay una mirada edulcorada de la infancia, sino más bien un acercamiento a la incomprensión, a la falta de herramientas para moverse en un mundo que se va volviendo ajeno y hostil. Es muy interesante cómo Báez consigue plantear la evolución del protagonista y, a través de él, los cambios que van sucediéndose en su entorno. El retrato generacional está muy presente, pero pergeñado desde lo íntimo. A través del relato intimista se va plasmando frente a nosotros una imagen de esa Málaga que transita entre la pobreza y el bienestar, entre la tradición y la modernidad. En ese sentido es también un libro fantástico donde el relato se encuentra ordenado de la forma perfecta para impactar sobre nosotros.

En lo que respecta a la forma, aunque la estructura del libro es una novela, me ha interesado muchísimo la manera en la que se hallan ordenados los capítulos, porque podría también leerse como un libro de relatos. Y me ha recordado el anverso de otro libro que me fascina: El otro sol de Angielo, que siendo un libro de cuentos puede leerse como una novela. Cada vez me interesan más los autores que trabajan con la rebeldía de la forma, y plantean formatos que permiten apreciar la historia más allá del género al que pertenecen.

Otro de los aspectos más interesantes de este libro es su atmósfera. Antonio Báez consigue que nos traslademos en el tiempo. Que entremos en el edificio donde el abuelo del protagonista ejerce de portero y sintamos los aromas de los patios, la vida intensa de un tiempo de cambios, mientras caminamos de la mano de un personaje que ve su vida convulsionada y va armando un mapa de su historia, juntando los trozos de su memoria y matizándolos con elementos ficticios e imaginación. Es un libro hermoso, de lectura gozoza, que nos deja pensando en la fuerza de la palabra escrita, en lo apasionante que resulta contarnos a través de la escritura. La escritura para no olvidar jamás de dónde venimos: «He vuelto, claro que he vuelto a ese lugar que ya no existe, a esa intemperie de pobreza». ¡Que nadie se pierda esta novela maravillosa!


«La radiante edad», un retrato íntimo y generacional perfecto.

LA RADIANTE EDAD
ANTONIO BÁEZ RODRÍGUEZ
TALENTURA
2021

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