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Escribir un libro donde la poética dirija el lenguaje. Esto es lo que hace Laura Carneros en su novela Proletaria consentida, que puede leerse con la respiración sostenida de la perplejidad sobre la vida pero también como la crónica existencial de una mujer, que es todas las mujeres, en un mundo que ya no puede sostener el bienestar. «Pienso de qué forma Szymborska haría un poema de todo esto sin utilizar un ápice de afectación». La angustia, la precariedad, el vacío existencial atraviesan la experiencia de la narradora, pero la forma en que caen las palabras sobre las páginas es con una actitud de desdramatizar, de romper con círculo vicioso de las expectativas sociales y poisicionarse contra el amor romántico, las exigencias de género....
Una primera novela fabulosa, que protagonizará este jueves nuestra sesión del Club de Lectura en la Librería Áncora.
Contenido del artículo
Torcer la tradición
Proletaria consentida es una obra que podríamos emparejar con una tradición posmoderna que plantea preguntas en torno a la relación con el trabajo. Desde una perspectiva donde la actividad laboral no implica solamente la posibilidad de equilibrio material sino que funciona también como un dispositivo afectivo, imaginario y lingüístico. A través de una voz rota y poco amable consigo misma, Laura Carneros, construye una obra donde la narradora no habla desde el victimismo de la explotación contemporánea sino desde la ambigüedad de quien se sabe parte de ese perverso sistema consintiendo lo que no tolera, participando del macabro tejemaneje de lazos para alimentar un imaginario que ya ha fracasado. Hay desde esta perspectiva un posicionamiento totalmente sincero, ético y estético que creo es uno de los valores más preponderantes de la obra.
Siguiendo con el marco podríamos pensar esta novela desde la tradición de la escritura feminista de clase, que en las últimas décadas han elaborado un discurso de oposición a la precarización infundida por un capitalismo salvaje. En esta órbita encontramos en nuestra lengua autoras como Belén Gopegui, Alana Portero, Cristina Morales, Sabina Urraca y Bibiana Collado Cabrera. Una tradición que denuncia la explotación y la precariedad en ámbitos domésticos y laborales. Además de ser escrituras que denuncian la discriminación de clase, lo hacen desde una perspectiva de género y supone un tipo de literatura que narra la precariedad desde un lugar nuevo.
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| Laura Carneros visita este jueves nuestro Club de lectura en Librería Áncora |
El amor romántico y el deseo
En ese empeño por torcer la tradición hay un interés sobre la pregunta en torno al amor romántico, ese daño perenne. Leemos: «Sé que la mayoría de las veces no es la otra persona quien me seduce, sino yo misma. Lo que pienso que piensa. Las palabras que reprime. Lo que parece que no hace por un motivo romántico». Posiblemente el eje del libro esté aquí, porque todas las trabas que habitamos las mujeres derivan de la idea de perfección que supone tener una pareja. El amor romántico aprendido a través de las voces, las películas y las canciones, se inscruta en nuestra psique y nos desvía de nuestro deseo verdadero. La narradora de Proletaria consentida evidencia lo que se esconde detrás de este asunto, desponjando la experiencia amorosa de su aura emancipadora y reflexionando sobre el mecanismo de consentimiento que subyace en ella.
La voz de esta novela no se victimiza, es más, expone su implicación consciente en las dinámicas que impone este tipo de vínculo, reconociendo haber participado activamente en esa economía afectiva que naturaliza la entrega femenina como forma de ascenso simbólico y reparación emocional. Quizás ninguna otra experiencia ponga sobre la mesa de forma tan contundente el fracaso de la libertad como esta experiencia, que asimismo expone la lógica de clase, con sus promesas de igualdad que nunca se concretan, pérdidas que se gestionan como elecciones personales y una interiorización del sacrificio como prueba de autenticidad. Podríamos entonces decir que el amor funciona como eje central de la crítica del libro, expuesto no como una experiencia privada (como se intenta defender) sino como un dispositivo ideológico que se aprovecha del deseo para imponer reglas perversas. La narradora piensa y llega a la siguiente conclusión: «La verdadera revolución del futuro sería controlar nuestros deseos sexuales desde lo cognitivo y elegir a quién amar con un mínimo de garantías». Una idea utópica pero que podría ser interesante pensar.
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| Una novela escrita desde la tradición, y contra ella |
La angustia de la muerte
Otro aspecto interesante en lo temático es la angustia de la muerte, quizás uno de los temas más jugosos de la Historia de la Filosofía. Leemos: «La sensación de que podría morir en cualquier momento es diaria». Intentamos en este tiempo volver a Epicuro, y su idea de que mientras estamos vivos la muerte no existe y cuando ella aparece ya no hay de qué preocuparse, una forma tal vez simplista de quitarle hierro a uno de los temas más misteriosos y angustiantes que atraviesan nuestra experiencia. No podemos apoyarnos totalmente en esa idea porque muchas veces la vida resulta invivible. La perspectiva de la narradora de Proletaria consentida nos hace torcernos más hacia la visión que propone Judith Butler en libros como Vida precaria. El poder del duelo y la violencia y Marcos de guerra. Las vidas lloradas, donde la mirada se desvía del sentido clásico para abordar la muerte desde una perspectiva sociológica. No le interesa pensar en qué es la muerte (perspectiva ontológica) ni cómo se vive la propia muerte (perspectiva filosófico existencialista) sino analizar qué vidas determina la sociedad que deben protegerse y qué muertes merecen duelo. La pregunta abandona la perspectiva individual para analizar la muerte como un hecho social que se encuadra en los discursos y las relaciones de poder.
Aunque en la novela de Carneros el punto de partida es intimista, porque la narradora es atravesada por la angustia existencial en carne propia y lo expresa no como «el miedo a morir» sino como «la certeza total y absoluta del vacío de la muerte, una cosa sorda y profunda, vertiginosa, que no me asusta, me sobrepasa», puede leerse la construcción de la idea de la muerte como una cuestión colectiva y propone una reflexión sobre la imposibilidad de tener una vida autosuficiente y soberana; la vulnerabilidad impide la construcción de un yo autónomo.
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| Una novela inconformista y fabulosa |
Una voz contradictoria para tiempos perversos
Pese a estar inscrita en esa "lógica" de escritura, Laura Carneros tuerce un poco más la tradición, algo que comparte sólo con alguna de las voces citadas, al escoger una voz para nada complaciente que rompe con el discurso victimista e intenta elevarse desde la herida con realismo, sarcasmo y una dosis fabulosa de imaginación. Esto hace que termine suponiendo una lectura que no habíamos hecho antes cuyo eje fundamental es la disrrupción y la extrañeza respecto a la tradición y a lo aprendido culturalmente.
Sin embargo, la novela se articula desde la contradicción. Encontramos un yo herido que se encuentra atrapado en un sistema injusto. Una mujer que, al mismo tiempo que se siente sometida experimenta la seducción por parte de ese mismo sistema. La promesa, la posibilidad se abren difusamente en el futuro pero antes, a cambio, debe ella ser productiva. Pero no hay una conciencia clara en ese futuro. Constamente, la voz duda y se increpa a sí misma por creer en algo que parece inaccesible. «La palabra "porvenir" me resultaba misteriosa, nunca me acordaba de buscarla en el diccionario cuando llegaba a casa». Desde esta perspectiva, tenemos una novela que se construye desde la exploración de esa duda, de esas contradicciones, desde la frontera difusa entre deseo y sometimiento, y donde la conciencia de clase está contaminada por el lenguaje de la autoexigencia y la autoexplotación, un lenguaje contemporáneo perverso. Desde ahí, Laura Carneros trabaja con un lenguaje contenido donde no hay un ápice de sensiblería. Encontramos una narradora directa, por momentos seca y que emula el discurso administrativo para poner en jaque los discursos que está desmontando. Asimismo, es una narradora que no confía en sí misma. «Si realmente me convirtiera en lo que refleja mi interior, quizá acabaría siuendo un junco». El imaginario neoliberal se filtra en una voz que se siente interpelada por los discursos dominantes y que deja al descubierto la violencia simbólica que funciona de arquitectura de la vida social.
La narradora se encuentra dividida entre las expectativas y la posibilidad de un futuro mejor y el goce. Desde el principio el planteo de esta inestabilidad se plasma con la reflexión sobre los husos horarios. «Yo me encuentro entre el atardecer en Washington y el alba que está por despuntar en Moscú.En un limbo atemporal contenido en mi habitación pintada de rosa». ¿Cómo sostener el deseo en un sistema que se reconoce injusto pero que parece contener la única salida posible a la precariedad? Desde ahí se eleva la escritura que se enfrenta a la complicidad y produce una pregunta incómoda, realista, llena de rabia. El texto se va desgranando sin conformismo, sin respuestas, como una pregunta alargada sobre los tiempos que vivimos, por lo que, al final, a pesar de que se lee como una novela breve, podría pensarse como una crónica social crítica y ácida sobre la sociedad contemporánea y sus mecanismos de control. Pero, en un tiempo donde la crítica al capitalismo funciona para muchos como una especie de fórmula o pose, este lirbo propone una mirada más compleja e inconformista. Finalmente, Proletaria consentida propone una reflexión honda sobre la situación precaria en la que nos encontramos atrapados y como luz propone una narradora que no está dispuesta a ser absorbida por la dinámica perversa de la realidad y se propone el deseo tangible de «buscarme la vida sin perder de vista lo que llevo dentro y eso no tiene por qué suponer un drama».
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| Laura Carneros visita este jueves nuestro Club de lectura en Librería Áncora |












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