Mariano Peyrou: «Yo entiendo la poesía como algo muy relacionado con la tensión»

Entrevista con Mariano Peyrou en la que conversamos sobre su poemario «Posibilidades en la sombra» (Editorial Pre-textos).




«Tal vez ese ojo no me mire como yo lo veo» dice Mariano Peyrou en Posibilidades en la sombra (Pre-textos). Mariano, que en persona se parece a su poesía. Está atentísimo a los bordes de las cosas y parece prestarle más importancia a lo que esconden los gestos y las palabras que a lo que muestran en la superficie. Mide con cuidado sus movimientos y fluye en la conversación con paciencia y calma. Hemos tenido un encuentro exquisito en la cafetería Pepe Botella de Madrid. Aquí recojo algunos de los temas que charlamos. El resto puedes encontrarlo en la web Poemas del Alma. Peyrou se parece a su poesía, y al escucharlo, todo lo leído adquiere más sentido.


P —El poemario abarca muchos temas pero en un único poema. A pesar de eso, uno podría llegar a dividirlo en varias partes, subdividirlo, quiero decir. Y te quería preguntar por la forma, ¿cómo llegaste a ver que tenía que ser un poema largo?

R—Bueno tengo dos respuestas contradictorias. Una es que hay algo como deliberado y que tiene que ver con mi voluntad y es que me interesa más, por lo menos en esta época o hasta ahora, el poema largo. Me parece un desafío mayor y un espacio en el que caben cosas que en el poema breve no caben, que tienen que ver con el tiempo, con el desarrollo, con la manera de pensar o de mirar. Una mirada instantánea puede aportar algo pero una mirada sostenida en el tiempo aporta otro tipo de cosas que me interesan más. Entonces, la primera parte de mi respuesta sería ésa: que me interesa más porque me parece que en mi caso, no estoy hablando de poemas ajenos, es donde yo noto que doy lo mejor de mí. Por otro lado, la segunda parte de la respuesta es que yo no elijo mucho sino que a veces esto se impone de algún modo. Cuando empecé a escribir este libro me pasó igual que con el anterior que también es un libro poema, un poema que ocupa un montón de páginas. No fue a partir de un verso que salió este libro sino a partir de un par de páginas de Word, que son como cuatro páginas de libro. Un día te sientas y aparece, y luego lees esas primeras páginas y te das cuenta de que eso está pidiendo un desarrollo, que son ideas que van a tener que repetirse, que vas a tener que explorar, que desarrollar, ésa es la palabra. Entonces por un lado es una cosa que yo quiero hacer y por otro lado, en este caso, se impuso así. El próximo libro no va a ser de poemas largos, son poemas breves y no tiene nada que ver.

P —Hablabas recién de las exigencias que te impone un poema largo en lugar de uno breve, ¿a qué te refieres?

R—Me parece que es algo que me cuesta más hacer, que me resulta más complicado. Desde hace mucho ya, mi tercer libro ya es un poema largo (y tengo la sensación de que estaba empezando en ese momento a escribir), estaba haciendo esto del poema largo. Me parece que es un desafío porque hay que sostener. Yo entiendo la poesía como algo muy relacionado con la tensión, como una energía que genera tensión en el lenguaje, en el significado, en la relación entre significado y significante, en el ritmo, en todo esto; y creo que mantener la tensión durante más tiempo es más difícil que generar tensión que estalla y ya está, o al menos a mí me cuesta más. Y luego, por otro lado, además del desafío, creo que ya lo he mencionado antes, me parece que el resultado cuando yo escribo poemas largos frente a yo mismo escribiendo los cortos, insisto, es más interesante, me sale algo que me gusta más.

P —Ya que lo mencionas, algo que me fascinó del libro es esa tensión constante que va y viene y esto está relacionado con algo que te quería preguntar. De alguna forma el planteo del poema es como circular, ¿intentabas hacer una alusión a cómo pensamos?

R—No sé muy bien por qué es circular, ¿a qué te refieres exactamente con eso?

P —Partes de la herida y empiezas a avanzar hacia la belleza, la confianza y otros temas, pero siempre de alguna forma vuelves a la herida. Y en la forma en la que se leen incluso ciertas imágenes o en la que la trama se reinicia, como si la reincidencia dentro del mismo poema te devolviera siempre a la primera palabra, da la idea de algo como circular. Tengo la sensación de que gira en círculos concéntricos para llegar a la verdad, porque la verdad, de alguna forma, es el tema central del libro…

R—Bueno, sí, podría verse así. Creo que lo que te refieres tiene que ver con las repeticiones, con ideas o palabras o estructuras sintácticas o relaciones entre cosas que se van repitiendo. Y cada vez que se repiten cambian ligeramente o radicalmente a veces de sentido; al cambiarlas de lugar o simplemente al hacerlas por segunda vez o por octava significan otra cosa, porque se han ido cargando de algo. Creo que te refieres a eso.

P —Exacto.

R—Sí, me parece que el libro tiene que ver con el pensamiento, con cómo pensamos. No sé si es una especie de imitación de cómo me imagino que pensamos, no estoy seguro de que sea eso, pero puede que sea algo así, desde luego tiene que ver con unas expectativas, con unas posibilidades de algo que no ha ocurrido y qué tal vez ocurra, una de las cosas que se repiten constantemente es esa expresión, tal vez.

P —La posibilidad.

R—Eso, la posibilidad de que ocurra algo. Y esa posibilidad que desde el punto de vista del realismo, del realismo con R mayúscula, como escuela estética, no tiene ningún valor porque no es real, desde el punto de vista de este libro y desde luego no es un invento mío, es una parte fundamental de la realidad: lo que podría ocurrir, las expectativas que tenemos con respecto a las cosas, lo que soñamos que podría ocurrir, con respecto a una relación pero también al pasado, a la imagen que se hace de sí mismo el que habla ahí, de la herida. Hay mucho del pasado también, no son solamente expectativas de futuro.


Posibilidades en la sombra de Mariano Peyrou

P —¿Es más verdadera la tachadura que la palabra?

R—No sé si es más es verdadera; creo que la tachadura muestra una clase muy intensa de verdad. La tachadura podría ser más verdad que la palabra, en el sentido de que la tachadura no es borrar. Recuerdo que me pareció interesante pensar en todas estas posibilidades cuando escribí el libro. Una cosa es escribir luego hay la posibilidad de borrar, de corregir o de tachar.

P —¿Tachar no es corregir?

R—Tachar no es corregir para mí. Corregir es cambiar una letra digamos de una palabra, modificar algo; borrar es que ya desaparece esa palabra y tachar es dejarla ahí pero como en posición inactiva o algo así, o decir que no que no está funcionando esa palabra, es una manera de que esté y no esté. Una tachadura te permite leer lo que hay debajo, un borrón no te permite ver lo que pone abajo, en cualquier caso es como una marca de que algo estuvo ahí y se desactivó. Y eso me parece que genera o que representa un tipo de verdad más intensa o más compleja y más verdadera que la simple palabra. Sería, a lo mejor es un poco osado decir esto, como la diferencia entre el poema largo y el poema corto; en el poema corto aparecen las cosas como si fuese una erupción y ya está, y en el poema largo aparecen, se cansan, vuelven a aparecer, se corrigen, todo eso aparece... En la tachadura está el tiempo, en la palabra no. La palabra es instantánea. En la tachadura hay dos momentos, el de la palabra y el de la tachadura, en la palabra sólo hay uno.

P —Y esto podría estar relacionado con lo que decías antes del pasado; respecto a que hay cosas que no podemos borrar pero sí tachar, reescribirlas.

R—Sí, tiene que ver con eso.

P —¿Al margen del sentido, qué es lo que hay? «La vida no tiene sentido ni carece de sentido es algo situado al margen del sentido», dices.

R—Bueno, supongo que una de las maneras de leerlo es pensando en que hay ideas, cosas, palabras o libros incluso que están trabajando en la zona del sentido, tratando de generar sentido y otras cosas que simplemente están en otro lugar, que no funcionan así. Está el deseo universal de encontrarle un sentido a la vida; cualquier persona se hace alguna vez esa pregunta básica, que se puede hacer como de una manera muy filosófica y profunda o simplemente "¿para qué vivo yo?", y me parece que la manera de salir de ahí o de contestar esa pregunta es tacharla, desactivarla. No borrarla, sino tacharla. Dejar que sea, porque es una pregunta inevitable e interesante, pero es como que nos lleva en una dirección en la que no está su respuesta. No tiene sentido ni carece de sentido, es otra cosa la vida. No tiene sentido preguntarse por el sentido de la vida, no tiene sentido preguntárselo para contestar algo así.

P —El problema es la forma en la que pensamos la vida.

R—Sí, o esa idea que decíamos antes del destino y la deriva. El destino es el sentido. Es una manera de decir "este es el sentido de tu vida". Por cierto, que son dos palabras que tienen su dimensión espacial. El sentido único, dirección única, hacia dónde va algo; y el destino es el punto de llegada. Y a lo mejor se puede pensar de esta otra manera. No tiene sentido la vida, no hay que buscarle un sentido a la vida y tampoco a lo mejor a las relaciones, que es algo de lo que se habla aquí, o a la herida o al pasado o ya que estamos a la escritura, al arte. Una manera de concebir el arte es tratando de buscar un significado que muchas veces es muy frustrante y nos perdemos la obra mientras tratamos de buscar eso que no está ahí, que el autor no puso.

P —"Posibilidades en la sombra" a pesar de que se muestre como un monólogo interior de la vida, ¿también puede leerse como un poema de amor?

R—Sí, yo lo concibo como un poema de amor entre otras cosas, pero es una de las dos o tres cosas que es en primer plano el libro. Lo que no me parece es un monólogo interior, primero porque está hablándole a un tú que no es el tú ese de segunda persona estereotipado de los poemas que soy yo en realidad, sino que es una presencia que está fuera y que no es interior vamos. El libro tiene muchos elementos del diálogo, me parece que es un diálogo, aunque no hay guiones y no hablan dos personajes sino que habla uno, el que habla está diciendo lo que el otro dice, lo que el otro piensa, lo que el otro siente, y funciona como el diálogo en el sentido de que hay esa especie de contraposición de puntos de vista, tú lo has dicho antes creo al principio, como esa contraposición de puntos de vista qué es una característica del diálogo y no del monólogo. Al margen de que sea una voz que habla en la cabeza de uno tiene esa cosa dialógica y luego lo de interior también me parece interesante porque creo que aunque el libro es una especie de investigación en la interioridad y la herida para mí es casi sinónimo de la interioridad, creo que busca lo de dentro yendo hacia fuera. Hay una frase de Baudelaire muy conocida que es "el amor es la necesidad de salir de uno mismo", entonces es como que uno se encuentra a sí mismo yendo hacia el otro, imaginándose un otro, ni siquiera hace falta más, imaginándose que hay un otro con el que uno dialoga, con el que uno se encuentra, inventándose al objeto del amor o del diálogo o del recuerdo o lo que sea, porque va cambiando. »Lo que estaba pensando es que tal vez la realidad sea un monólogo interior, aparentemente estamos aquí sentados, charlando, etcétera pero cada uno de nosotros lo está incorporando todo lo que pasa, la conversación con otra persona, lo que ves en la televisión, la Segunda Guerra Mundial y todo se incorpora en algo que es un monólogo interior qué es lo que hay en mi cabeza. No hay nada más que eso, tú hablas pero yo lo interiorizo y lo que tengo son un conjunto de monólogos interiores chocándose.

Este miércoles 11 de marzo, Peyrou estará en el ciclo Tecleando el misterio: Jazz y poesía bajo las estrellas. Si estás por Málaga, no te lo pierdas.


Mariano Peyrou en Málaga

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