Sonia Aldama: «A las mujeres se nos ha negado conocer y disfrutar de nuestro cuerpo»

Entrevista con Sonia Aldama Muñoz. Autora de «Sucede la noche» (Enkuadres).


Entrevista a Sonia Aldama en Bestia Lectora
Foto de Eduardo Cano (Ático 26)

En la noche tenemos dos opciones: dejar que el miedo acampe y nos paralice o mirar de frente aquello que más terror nos causa y treparlo con las uñas. En su más reciente poemario, Sucede la noche (Enkuadres), Sonia Aldama se decanta por esta última opción, se abraza a los bordes de la noche, es decir, al lenguaje, y resignifica su identidad y la de las palabras más comunes desde la poesía. Es éste un libro fascinante que ya te hemos recomendado y que te invitamos a leer nuevamente. Converso aquí con Sonia entre otras cosas sobre su proceso creativo y la visibilidad feminista, y le pido que nos recomiende algunas autoras imprescindibles para enfrentar la noche.

P—Publicas un libro sobre la noche justo cuando comienza un año tan raro. ¿Cómo has atravesado este período de quietud y parálisis?

R—Querida Tes, en pimer lugar quiero darte las gracias por interesarte por este libro, y más en este año raro como dices, y con las dificultades que tenemos quienes nos dedicamos a esto de la literatura para poder presentar nuestras obras. Este libro lo escribí hace casi tres años, hace dos lo presenté a un concurso y después lo envié a varias editoriales. Fue mi amigo Kike Parra, escritor valenciano, el que me animó a enviárselo a Gabriel Viñals, que lleva la colección de Poesía de Enkuadres, y fue gracias a ellos y a Sergi, el editor, que Sucede la noche existe. Este periodo lo he pasado justo así, con quietud y parálisis creativa, solo escribí un pequeño texto para la antología de Relatos nada sexis que presenta la editorial feminista Ménades este mes, el resto del tiempo lo dediqué a la familia y a mis clases online, las alumnas y los alumnos también fueron una tabla de salvación, corregir sus textos, las charlas por correo electrónico.

P—¿Cómo ha modificado la visibilidad del libro la situación actual?

R—Si te soy sincera, no creo que mi libro hubiese tenido mucha más visibilidad, yo soy una escritora feminista sin padrinos, madrinas ni ganas de postureo, donde llegue el libro será gracias a personas como tú que no miran para otro lado.



Soy una escritora feminista sin padrinos.


P—Encabezas el poemario con un fragmento contundente de Silvina Ocampo en el que nos adviertes con ella sobre la sutil forma que tiene el sistema de reprimirnos (y asesinarnos). ¿De qué forma la literatura (y la poesía) pueden simbolizar una resistencia colectiva contra el sistema?

R—Para mí es una forma de resistencia fundamental, mi salvación, la manera de agarrarme a la justicia poética encadenada en cada verso, así trato de sostener mi indignación para no caer en la desesperanza.

P«Sucede el día / y un grillete invicto / desarropado se desangra» ¿Cuál es la semilla de este libro libertario?

R—Creo que la semilla está en mi pasado como sindicalista, en mis estudios de politóloga, en mi padre que era un hombre inconformista, en la militancia feminista y en el hecho de ser madre de una niña, eso me ha radicalizado en el mejor sentido de la palabra.


P—¿Por qué Sucede la noche?

R—La noche también es un símbolo de resistencia, la noche como metáfora del refugio del artista, de la oscuridad que precede a la luz.

P—Tengo la sensación, sin embargo, de que tus versos no tocan el día ni la noche, sino que parecen escribirse desde la penumbra de la luz azul, desde ese chispazo del que parece tan posible que surja un fogonazo de luz como un manto de sombra. ¿Tiene esta ambigüedad que ver con tu identidad poética?

R—Sí, esa búsqueda del artista y que se repite en tantas obras literarias, eros y thanatos, el bien y el mal, la luz y la oscuridad, toda esa búsqueda hasta que llega la identidad, llevo más de treinta años escribiendo poesía, pero solo hace 7 años que me considero poeta, me he formado con los y las mejores poetas, he leído buena poesía, he interiorizado mi propia poética y he trabajado muchísimo cada verso, me interesa tanto lo lingüístico, lo formal, como lo político, la forma, el fondo, la cadencia y la musicalidad, el poso, la otra lectura, la reescritura desde el cuerpo, la identidad como ser humano y como mujer.



Me interesa tanto lo lingüístico, lo formal, como lo político.


P—Entre los temas que más trabajas se aparece la identidad, como un bien preciado, a veces inasible. ¿Tiene que ver esta dificultad para encontrar(se) con haber crecido con una casi ausencia absoluta referentes populares femeninos (volvemos al silenciamiento del sistema)?

R—Sí, aunque he leído a autoras en mi infancia y adolescencia y sí he tenido presente el silencio al que han sido y somos sometidas las escritoras. Mi hija se llama Muriel porque es el nombre de la protagonista de un libro escrito por una mujer, y lo leí con 14 años, pero es cierto que llega también en los últimos años ese descubrimiento del silencio al que somos sometidas las mujeres en la literatura y en la vida.

P—¿Te ha permitido la escritura de Sucede la noche poner en perspectiva ciertas ideas y resignificarlas? ¿Qué me puedes contar sobre ello?

R—Quizá han sido los tres libros de poesía, pero en este último he manifestado solamente lo político, lo feminista, que es político también y la reescritura de lo erótico para deshacer toda esa barbarie patriarcal poética en la que lo femenino era sujeto pasivo, musas y poetas, pero ahora nosotras, como dijo Frida Khalo, o se le atribuye que dijo: somos nuestras propias musas.

P—Te quiero preguntar cuánto hay de personal y cuánto de político en tu escritura, especialmente en este libro. Y ligado a esto qué criterio tienes sobre la función social de la poesía.

R—No diferencio lo personal de lo político, quiero decir que no escribo autoficción ni en narrativa ni en poesía, descansa mi existencia, claro, la memoria sensorial, los recuerdos, pero mi formación y mi manera de entender la vida y la poesía, hace que sienta la necesidad de escribir desde las entrañas, ya sea para exclamar la indignación, el asombro o lo sensual.

P«Sostengo las manos desnudas, / para que no duerma el asombro», dices. ¿Qué cosas te dificultan el encuentro con el asombro?

R—Todo lo que no es poesía, dificulta el extrañamiento, por eso el refugio del artista es lo poético, esa otra manera de mirar el mundo, con asombro.



Todo lo que no es poesía, dificulta el extrañamiento.


P—También el deseo ocupa un lugar importante. El deseo, que es usado como salvoconducto para guiarnos silenciosamente a ocupar roles sombríos en la historia. ¿Podemos las mujeres vivir disfrutando (y sobre todo, conforme a nuestro deseo) libremente, sin caer en las garras del sistema opresor?

R—Claro que podemos, solo que a veces se necesitan muchos años para tener conciencia de clase y conciencia de género, y se necesita no tener anulada la voluntad, muchas mujeres tienen su voluntad anulada hasta la vejez, y cuando hablas con ellas, niegan no haber hecho con su vida y su cuerpo lo que deseaban, pero si rascas un poco, descubres que a las mujeres se nos ha negado conocer y disfrutar de nuestro cuerpo, nos ha educado para complacer al hombre y para atenderlo, por eso cuando hablas y no estás sonriendo, la seriedad se confunde con el enfado, por eso hay que decirles tantas veces a los señores que no nos expliquen cosas y que revisen sus privilegios.


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P—¿Cómo llegaste a la poesía?

R—La poesía siempre estuvo conmigo, escribo desde niña, siempre quise ser escritora, la imaginación, los amigos invisibles, los cuentos, me acompañan desde que era muy pequeña. No concibo la existencia sin poesía.

P—¿Qué autoras te han servido de luz en ese ir contra la noche?

R—Tantas. Safo, Alejandra Pizarnik, Wislawa Szymborska, Gabriela Mistral, Emily Dikinson, Idea Vilariño, podría nombrarte a autoras que conozco como Sara Medina, Julieta Valero, en fin, todas, pero Pizarnik es a la que más he leído con devoción.

P—¿Ahora que sucede la noche, dónde encuentras la quietud y el entusiasmo?

R—Ahora estamos en una época extraña, complicada en lo personal y en lo social, la quietud a veces no la encuentro, el entusiasmo en la poesía y en Muriel, ella también es poesía.



Pizarnik es a la que más he leído con devoción.


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