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Todas las personas venimos del agua. Y algunas, en su transición feroz hacia la muerte, se vuelven adictas al fuego. La escritura se vuelve campo abierto en llamas y en ella se hermanan la luz y la catástrofe. El fuego, como «una cumbre roja», iluminando el viaje. Ese mismo fuego que atraviesa de punta a punta la primera novela de Miryam Hache, La belleza del desastre (Jekyll & Jill). Una lectura que nos invita a quemarnos para ver si queda algo de la primera luz en nuestros ojos. Una ópera prima extraordinaria en donde la escritora argentina confirma que todavía quedan cosas por hacer-construir en el mundo del libro.
Contenido del artículo
Una novela de carretera apocalíptica
La belleza del desastre nos lanza a la carretera. Cuatro mujeres se trasladan de Barcelona a Galicia huyendo del apocalipsis. Una nube tóxica amenaza con sepultar la península en el olvido y, de todos los lugares posibles donde armar una nueva vida, la provincia más septentrional de España se presenta como un paraíso. Los medios de comunicación lanzan palabras amenazantes que atizan la temperatura social, empujando a la gente hacia un extremo u otro de la balanza: entre subirse al delirio colectivo o mostrar un descreimiento total. A Florencia, Jana, Sara y Rocío les parece imposible que la vida vaya a terminarse y van a dejarlo todo con tal de merecer una segunda oportunidad. En el camino, algo se abrirá en cada una, y la amistad se convertirá en madero en llamas al que aferrarse con desesperación.
Miryam Hache sorprende con una primera novela que tiene un puntito beatnik, en cuanto al empeño por tocar la tierra con el lenguaje y que, en su afán de movimiento, me ha recordado a la gran novela de Jack Kerouac, En el camino. Si Sal Paradise es el símbolo de la contracultura en la Norteamérica de los sesenta, Jana y Flor funcionan como las sobrevivientes de una generación destruida por la precariedad y el desencanto. Estamos ante una novela de carretera apocalíptica donde el paisaje se tiñe de colores y la música que suena está enlodada de sonidos electrónicos y de decadencia. El mito de la viajera se transforma a lo largo de estas páginas que permean una escritura rabiosa y llena de desvíos, firmada por una autora cuidadosa y tremendamente visual. Una lectura que tendrá «la vibración de las cosas juntas: las risas, el llanto, esa llama creciendo».
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| Miryam Hache escribe desde el fuego en esta primera novela |
Huir es una forma de encontrarse
El motor principal de la novela es la incertidumbre, que podría recordarnos el espíritu que se apoderó de nosotros durante la pandemia de Covid-19. Un temblor en el cuerpo que siempre está invadido de preguntas: ¿qué hacemos? ¿qué me importa salvar? ¿qué he hecho con mi vida? Se encuentra dividida en tres partes —La fuga, Creación y destrucción y La belleza del desastre— y presenta un orden temporal caótico, siendo fiel al sentimiento convulso que experimentan las protagonistas y el mundo que las rodea. La catástrofe obliga a la recapitulación y así, a lo largo de la lectura nos adentramos en el pasado de Jana y Florencia descubriendo de dónde vienen y cómo han llegado donde las encontramos. El dolor primigenio es también origen del viaje. El dolor que no siempre es fácil de pintar, de explicar, que a veces viene acompañado de una imagen difusa o fragmentaria, y la muerte siempre amenazando la ternura. «Porque la imagen del horror puede ser eso, ante todo, una mueca desencajada después de la vida».
Hay muchas cosas que hace bien Miryam Hache en esta novela, como poner en el centro de la narración la experiencia del vínculo entre mujeres y construir una pregunta en torno a la historia que nos une. En su infancia, Florencia y Jana vieron desintegrarse a sus familias y es precisamente ese amor tóxico familiar el que las ha empujado al viaje. No sólo a este que transcurre en la novela o incluso al viaje interior de maduración de cada una, sino también a la experiencia migrante y la pregunta más difícil de responder: ¿por qué te fuiste? Miryam Hache dibuja una manera nueva de pensar el viaje y resignifica el despertar. Siempre tiene que haber una amenaza contra lo que no queremos perder para que decidamos hacer una locura. Irnos del país. Romper con nuestra madre. Correr desesperadamente hacia otro bosque. Siempre tiene que pasar algo que nos recuerde que la infancia es para siempre, pero que la tensión de la existencia se juega en otro territorio, uno a mitad de camino entre la melancolía y la lucha rabiosa. Y todo eso es esta novela. «Me fui de Buenos Aires cuando la plata dejó de valer las cifras adheridas a las cosas, al precio de mi casa, a los libros en la mesa de novedades. Aunque una siempre se va para ser otra».
Desdecir la forma
Al leer por primera vez La belleza del desastre lo que más llamó mi atención fue el trabajo formal. A través de una estructura que imita el fraseo poético, Miryam Hache introduce intensidad, silencios, inquietudes en la columna vertebral de la trama. La fragmentación permite airear ciertos pasajes y produce una sensación de inestabilidad que emula la propia experiencia de las narradoras. Si a esto le sumamos la elección de dos voces bien definidas, las de Jana y Florencia, y el relato de los mecanismos de control y de apego de un grupo de mujeres desesperadas, tenemos un combo completo.
El trabajo estético alimenta una historia intensa y por momentos dramática, que se tiñe de ironías, de juegos de palabras y de contradicciones, y es uno de los ejes que sostiene en equilibrio el desarrollo de la novela. Esta decisión estética es seña de la naturaleza híbrida de la obra, que flirtea con la poesía y la crónica de viajes pero que, en primera línea, quiere ofrecer un relato cercano y emotivo del desastre. Esa hibridez se alimenta también de esa transformación de la lengua que provoca la migración, y que le sirve a la autora para darle un toque distintivo a las voces de las narradoras, quienes se debaten entre el mundo perdido (la infancia en Argentina) y el mundo posible (el presente en un país donde se sabrán siempre extrañas).
Hay cierta familiaridad en las voces, que se justifica con la infancia compartida y el vínculo sanguíneo, pero también hay una clara distinción entre ambas. La voz de Jana, cerca de la melancolía y la inseguridad, más poética, incluso en su forma. La de Florencia, caótica y plástica. La escritora y la pintora. La niña frágil y la niña grande. El tono de cada voz determina una forma particular en que avanza la historia. Predomina la mirada sonora en la narración de Jana y la mirada visual en la de Florencia. Una ve el mundo atravesado de tramas y palabras, la otra ve colores y experimenta cierta sinestesia que la impulsa a pensar la realidad, y esto incluye el pasado, desde la tensión entre los colores. La una, más filosófica: «A mí me da miedo morirme intoxicada por la nube, pero también me aterra que la nube no exista. No saber si nos va a matar la nube o la noticia de la nube». La otra, tocando el mundo con las manos incluso a riesgo de lastimarse o de quemarse: «Yo vi: el fuego primordial(...). Un muro enorme de plegarias hechas pintura salvándonos a todas del olvido. Un muro concreto. De verdad».
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| La voz destaca por cierta corolidad e hibridez |
La literatura que salva
¿Cómo escribir el futuro de una generación que no tiene futuro por delante? Miryam Hache reconstruye también en esta novela una reflexión sobre la precariedad y la inestabilidad brutal de los millenials. Los empleos basura, la subida de los alquileres, la soledad, los sueños aplastados a martillazos de realismo contra el suelo. Y es muy interesante la forma en la que articula este pensamiento: la tensión por la nube tóxica recuerda otro anticipo de fin de mundo, aquel 31 de diciembre de 1999, cuando nos dijeron que el cambio de milenio depararía el final de muchas cosas. Y en algún sentido esa profesía se cumplió. Sin embargo, en esa visión desesperada hay también luz, porque «somos las imágenes a las que vamos» y, al final, en ese empeño por salvarse, por huir de la nube tóxica, de las madres inestables, del pasado sin posibilidades, se asoma también la fe en la imaginación y en la salvación a través de ella, en la amistad y un futuro distinto pero verdadero.
Lo que la infancia nos regala es una herida abierta para siempre, pero también el deseo, que crece, y crece, y crece. A veces también la rabia, que nos empuja a señalar el dolor como una ofensa. La historia de Florencia y Jana tiene mucho de eso. Dos primas que habitan infancias de años noventa rotos, con los primeros anuncios del fin del mundo, con la ruptura familiar y toda la rabia de querer y no poder en un país que se cae a pedazos, pero donde también las navidades en verano y los clubes de mujeres desesperadas. Leemos: «Lo único que esas mujeres lograron con el club fue pasar las horas, por un rato regodearse en el odio que las juntaba, sentirse menos solas, purificar la idea sacra de que los hombres eran los culpables de todos sus males, porque no sabían decir "patriarcado"».
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| Una primera novela sorprendente |
Jana y Florencia están decididas a no convertirse en sus madres; sin embargo, dejar atrás el legado machista del amor romántico es más difícil de lo que creían, y algo visceral tira de ellas y las empuja a la desesperación, que en una se convierte en entrega sin límites y en la otra, autodestrucción. Ese mundo retorcido que se alimenta de nuestra herida, como un villano de cuento que conoce la debilidad y la aprovecha en sus fines. La memoria, sin embargo, funciona como recordatorio del peligro, y también como advertencia. Aprender. «Cuando mi papá se fue con otra, mi mamá intentó abrir un vino en la mesada de mármol de la cocina» Y el principio de la herida en el insulto torcido. «Y dijo un insulto que no había escuchado nunca, "por esa conchuda"». Recordar las palabras. Reescribir la historia.
Jana y Florencia luchan con todas sus fuerzas contra sus miedos, porque lo saben. Han estado al borde del infierno y saben que otro puede ser el final. «Porque una puede perder el control, en un instante puede una perderse para siempre». Toda la luz que pone Miryam Hache en esta historia tiene que ver con el lenguaje; porque la literatura puede ser territorio salvífico, modificar nuestra mirada sobre el mundo y sobre nosotras mismas. «La literatura reescribe la infancia, nos refunda, pero también nos redime, por ejemplo, ante lo insustancioso de los días, nos permite conservar los momentos de desencando mínimo, la derrota insólita que nadie se lleva a ninguna parte, pero construye el gran relato de nuestras vidas», leemos. Y ése es el gran viaje de La belleza del desastre, un intento de refundar el entusiasmo por la palabra. Del agua al fuego. Para campear el desastre. Y la amistad en el medio, como bandera irrevocable, como recordatorio de la herida pero también de la luz. «También sentí la rabia que me antecede, y que, de alguna forma, nos hermana a todas». Esta primera novela de Miryam Hache es un ritual que conjura al pasado para hacer del futuro un mirador limpio contra el último sol de la tarde. Finesterre. ▣
Miryam Hache en nuestro club de lectura
La belleza del desastre es la novela que protagonizará nuestra próxima sesión del club de lectura presencial y gratuito que realizamos en la ciudad de Málaga. Una de las peculiaridades lindas de esta iniciativa es que a nuestras sesiones vienen las autoras, y es una excelente ocasión para preguntarles sobre el detrás de escena de la obra leída y la pulsión de la escritura. El 27 de mayo recibiremos a Miryam Hache y nos encantaría que nos acompañaras. Creemos que es muy importante apoyar a las autoras, sobre todo en este caso, una primera novela extraordinaria.
Además, este 2026 Jekyll & Jill celebra sus 15 años de vida, por lo que en Bestia lectora queremos unirnos a la celebración. Nos encanta esta editorial y la defendemos como una de las mejores del panorama literario español (arriesgada y rigurosa). Amamos algunos de sus libros —todo Chejfec, Sebastián Martínez Daniell, Francisco Ferrer Lerín, Andrea Valdés— y hemos tenido la suerte de comentar dos de sus libros en este mismo club y recibir en la librería a la autora Nuria Mendoza y al novelista Raúl Quinto.
Nos parece una ocasión perfecta para rendir un doble homenaje: a Miryam Hache y a la editorial que, además, ha preparado unos recuerditos especiales para quienes se apunten al club. ¿Realmente te lo vas a perder? Lo único que tienes que hacer para asistir es escribirnos para reservar tu plaza, comprar la novela en la librería Áncora (Plaza Uncibay, 9) y venir el día de la cita, el 27 de mayo a las 19.00. La participación es gratuita y nuestros encuentros son dinámicos y divertidos, ¡tenemos tanto de qué hablar!
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| ¡Te esperamos en nuestro club de lectura gratuito! |














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