Pensando en la poética de Aníbal Cristobo. Perdón por la tristeza

El editor de Kriller 71 Ediciones ha fallecido. Su labor inmensa y su visión singular de la poesía es la luz que nos queda.

Aníbal Cristobo con una camiseta de César Vallejo
Aníbal Cristobo // ©Vallejo & Co.

Todas las palabras suenan huecas. Estoy intentando hablar sobre lo que la muerte nos hace y no puedo dejar de pensar en la soledad. Y estos versos de Ungaretti: «No encuentro sino sombras/ de cielo sobre el hielo». Aníbal Cristobo ha fallecido el pasado martes en Barcelona. Una cachetada de horror para los que sentíamos afecto sincero por este editor arriesgado, cuidadoso, capaz de atreverse con una editorial de poesía en el peor panorama posible.

En 2012, cuando la crisis económica amenazaba con fuerza el rigor en el mundo de la literatura, él levantó una editorial cuyo lema no es la valentía sino «el placer de desarrollar nuestra legítima rareza», Kriller 71 Ediciones. El riesgo no fue sólo el género sino la ambición de su línea. Nos hizo ver que lo que une diversas poéticas no es un asunto generacional ni temático, sino una manera de mirar. Construyó así un catálogo exquisito con gente variopinta, de poéticas a veces opuestas, pero semejantes en el interés por ver más allá del borde de las cosas: Eileen Myles, Charles Reznikoff, John Ashbery, Mark Strand, Athena Farrokhzad, Robin Myers, Fruela Fernández, Albert Balasch, María Rosa Maldonado, Maricela Guerrero, y tantos más. Todos distintos. Todas excepcionales. Miradas clavadas con acierto en una realidad que nos empuja a la desesperación pero detrás de la cual aguarda cierta luminiscencia. El espíritu de Kriller defendió esa poesía. Aníbal era Kriller.


Libros de Kriller 71 Ediciones
Aníbal Cristobo cuidó con delicadeza cada libro de Kriller 71 Ediciones

Toda la rabia en cada frase. También el genuino agradecimiento. Aníbal Cristobo creyó en las posibilidades de la poesía, esa utopía que cada vez menos personas defienden, y cuidó cada libro como si fuera el primero, como si fuera el último. No hablábamos tanto, pero sí cada vez que salían esas joyas preciosas que él supo editar con acierto, cuidado y belleza. Y entonces hablábamos del mundo. De la palabra torcida. De ser libres en un mundo frenético. De lo difícil que es a veces construir una vida en esta extrañeza. Una vida material. Una vida que importe. Pienso que eso también es hacer literatura. Contar una forma de ver. Construir una poética más allá de la página. Todo lo que hizo en Kriller 71 Ediciones y que no ha recibido toda la atención que se merecía. Es lo que pasa con la poesía. Es lo que pasa con las editoriales seriamente independientes, incapaces de ceder al bufido capitalista. Y ahora, esta tristeza.

Tengo sobre mi mesa Cuervo. El ciclo completo de Ted Hughes, traducido por Jordi Doce. Un trabajo quirúrgico de pensamiento y forma que finalmente podemos apreciar en toda su amplitud. Últimamente me cuesta más escribir sobre los libros importantes. Me demoro más que hace unos años, porque tiendo a pensar que lo que decimos dura cada vez menos y no produce el eco que justifique nuestro esfuerzo, que alimente nuestro deseo. Y no dejo de pensar en la soledad. Hoy más. Este libro, que releo y repaso desde que salió, se ilumina de una forma nueva. Siempre deseamos extraer algo poético de los hechos terribles. No soportamos el vacío.

Kriller 71, estoy segura, ha iluminado muchísimos momentos difíciles. Personalmente, ha sido así. Momentos tremendos atravesados por el fuego de la palabra. Para la literatura en España es sin duda un sello que en sus casi quince años de vida nos ha estado recordando lo que realmente importa en la poesía. La proyección de una editorial que pusiera en el centro de la estética de su catálogo las inquietudes más abrasivas y contemporáneas es el fabuloso legado de Aníbal, ese editor que cuidaba cada detalle y defendía con cariño cada libro que publicaba, como en el poema de Hughes «lo viste con sus mejores galas, lo llama vida.../ Está en camino». Un legado, el de Cristobo, que espero no se nos olvide. La vida tiene un fondo de abismo y otro de misterio luminoso. Como el entusiasmo. Como la poesía. Como Vallejo. Y como él, «Perdón por la tristeza».


Dos libros de Kriller 71 Ediciones
Hughes y Reznikoff traducidos para Kriller 71 Ediciones por Jordi Doce

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